Capitulo 10

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Serena se despertó como de costumbre a las cuatro treinta de la mañana, no importaba cuanto haya dormido o no la noche anterior, por años esa era la hora en la que le tocaban las medicinas a su madre, y su cuerpo estaba acostumbrado a despertar a la misma hora, ella había intentado en incontables ocasiones cansar su cuerpo hasta el limite, para no despertar a las cuatro treinta de la mañana, pero era inútil, siempre, siempre sin importar lo que hiciera o donde estuviera o con quien, siempre se despertaba a las cuatro treinta.

Así que cuando su cuerpo se despertó como de costumbren, ella abrió los ojos y observo el techo por unos escasos minutos, junto a ella escucho la respiración acompasada de Karilu y se sonrió, "es una chica adorable", pensó, y después de suspirar y sentarse en la cama se dispuso a ponerse la ropa para salir a correr.

Después de la muerte de sus padres, para poder dejar de pensar en ellos y no sentirse sola, cogió la costumbre de salir a correr a la hora que se despertaba, el esfuerzo, el aire que le golpeaba la cara, el sudor, el sentir que le ardían los músculos y ya no podía correr un centímetro más le ayudaba a liberar el dolor de la perdida de la soledad...

se vio al espejo, y se sonrió un poco, se había puesto sus pantalones para correr favoritos, eran uno leggins negros con unas cintas en verde fluorescente que se amarraban a sus pantorrillas como cintas de las zapatillas de una bailarina, y Serena las amaba, aun que la hicieran parecer un poco infantil, fue el ultimo regalo de su papá, y eso los hacían especiales.

Así que ya lista y con mucho cuidado de no despertar a todos salió a la calle, aun no eran las cinco cuando ya había llegado al parque central, era un lugar grande, con área para correr, ciclismo e incluso un lago artificial donde algunos domingos la había llevado su papá.

 Corrió lo mas rápido que su corazón y pulmones le permitieron, el aire frió de febrero le golpeaba la cara y el sudor le había mojado hasta el cabello, pero sonreía, eso era lo que necesitaba, correr, agotar su cuerpo y su alma, para no pensar.

Pero parecía que ni así lograba engañar a su conciencia, "eres un mentirosa", le dijo un voz en su cabeza, ella sabía que tenía la razón, pero ¿como podría arreglar las cosas ahora?, ¿como podía llegar y decirles, ¿saben que?, les mentí, no soy la novia de Seiya, es mas ni siquiera nos conocemos, simplemente le sirvo su café todos los días desde hace un amo?, si, como si eso fuera posible.

Solo les destrozaría el alma a todas esas bellas personas, Serena se imagino la cara de desilusión de la abuela Bky, y las lagrimas en los ojos de Marian, la mirada de desaprobación de Armando y el tío Momaru, y eso le rompió el corazón.

De pronto sonrió con tristeza, el único contento sería Darien, pues tendría un brillo triunfal en la mirada y diría "ya lo sabía, no eres el tipo de mujer que le gusta a Seiya".

Serena nego con la cabeza y antes de darse cuanta ya estaba casi de regreso en la casa, suspiro y se prometió que pasara lo que pasara ese mismo día les diría la verdad, solo iba a esperar a saber el resultado de la tomografía, no podría darles la noticia de sopetón si Seiya estaba aun mal, no podría ser tan cruel.

-cariño es muy temprano para que estés levantada - le dijo la señora Marian cuando Serena entró ala cocina por la puerta trasera.

-hola Marian, buenos días, disculpa si te desperté- dijo tras recuperar del susto inicial por verla parada con la intención de prepararse un café.

la señora Marian hizo un gesto que indicaba que no tenia importancia, - tengo que admitir que cuando me desperté y no te vi me asuste- le dijo al tiempo que palmeo una banca del desayunador para que Serena se sentara, - ven linda, déjame que atienda a mi nuera-

MIENTRAS DORMÍASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora