The evil is arround us

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La puerta del ascensor se cerró con un chasquido metálico, dejando atrás la sonrisa felina de Magnus y el aroma persistente del café. Alec descendía en silencio, con la bolsa de ropa ahora vacía en la mano y una confusión difícil de ignorar en el pecho.

Magnus, en cambio, no tuvo demasiado tiempo para quedarse pensando en lo ocurrido. Horas más tarde, ya se encontraba cumpliendo una de las obligaciones sociales que más detestaba.

El viento nocturno soplaba con una calma engañosa, como si la ciudad entera contuviera la respiración.

Magnus Bane, impecable como siempre en su traje de terciopelo azul oscuro, se apoyó contra una columna del salón donde se celebraba uno de esos fastidiosos eventos a los que odiaba asistir. Sonrió apenas, con esa mezcla perfecta de elegancia y hastío.

Odio estas cosas — pensó—  Luces falsas. Sonrisas falsas. Interacciones forzadas. Simón me debe mucho por esto.

Desde su rincón estratégico, podía observar a toda la sala. Reconocía rostros conocidos —editoras, autores, ilustradores—  No era que odiara socializar; simplemente detestaba fingir.

"Últimamente paso más tiempo con Alec y su grupo de humanos que con cualquiera de estos tipos... y, de algún modo, eso me resulta más cómodo. Más real."

—Simón Lewis, no voy a perdonarte fácilmente —murmuró sin apartar la vista de la sala.

A su lado, el joven de lentes rio nervioso.

—Ya me disculpé, ¿recuerdas? Estaba desesperado. Si no te traía, mi trabajo peligraba. ¡No me odies!

—Hacer que galletita me convenciera de venir aquí fue cruel. Sabes que soy demasiado bueno contigo, mocoso... y así me pagas.

—Lo sé, lo sé —se frotó la nuca, incómodo— Pero es que desde que el viejo Whitehouse se jubiló, su hijo tomó el mando... y bueno, no es precisamente amable.

—¿Cuándo pasó eso?

—Hace dos meses. Ahora el nuevo jefe tiene más o menos la edad de la señora Joselyn. Es insoportable.

—Ahora entiendo todo... —suspiró Magnus, rascándose la frente— Ya hablaré con ese sujeto.

—Si, por Dios. Me estresa al punto de querer morirme. Y no en sentido vampírico.

—Que menciones a Dios frente a mí tiene su ironía, Simón.

El joven rio mientras aceptaba una copa de un mozo que pasaba cerca.

—Para que dejes de mirarme mal —continuó— te cuento que cuando salgamos de acá, Clary me pidió que vayamos a su casa a ver una película. Estarán ella, Izzy, Alec... y tú también estás invitado, si quieres.

—¿Y me lo dices por qué?

—Porque, acéptalo, te interesa Alec. Has pasado mucho tiempo con él últimamente.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Nada —sonrió con picardía— Pero Izzy está muy contenta. Alec es un trabajólico que casi nunca socializa. 

—Lo he notado. Siempre está apurado por volver al trabajo, como si necesitara aferrarse a la rutina.

—¿Crees que lo hace para escapar?

—Sí. Escapar de todo lo que no puede controlar. Es metódico y estructurado, pero al mismo tiempo desastroso y torpe. Fascinante combinación.

Simón soltó una carcajada.

—¡Nunca alguien describió tan bien a Alec! Se lo voy a contar a las chicas.

—Hazlo

Simón rio aún más

Las paredes de una habitación subterránea vibraban ligeramente por el eco de una voz enardecida

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Las paredes de una habitación subterránea vibraban ligeramente por el eco de una voz enardecida.

—¡Estoy rodeado de inútiles! —rugió Valentine, golpeando la mesa con fuerza.

—Cálmate, padre. Estás echando humo por las orejas —ironizó Jonathan, sentado en la penumbra con una copa en la mano.

—No estoy de humor para tus bromas estúpidas. Me dijiste que ese tipo sabía lo que hacía. ¡Y mira lo que hizo!

—Error mío, lo admito. No imaginé que ignorara ese detalle. Después de todo, es un mercenario...

—¡Y ahora los hijos de la luna y de Lilith saben que alguien intentó ponerlos uno contra otro! Estarán al acecho para descubrir quién fue. Hay que ser extremadamente cuidadosos a partir de ahora.

—No volverá a pasar. Lo juro.

—¡Por supuesto que no volverá a pasar! ¡Meses de planes al drenaje!

—No es tan grave...

—¿¡Cómo puedes decir eso!?

—Porque aunque sospechen, no tienen idea de quién está detrás. Mientras eso se mantenga, aún tenemos ventaja.

Valentine lo miró con los ojos entrecerrados, evaluándolo.

—Supongo...

—Ve a tu reunión, padre. Yo me encargaré del resto.

—Más te vale, Jonathan. No me falles.

El silencio que quedó después de su partida fue espeso. Jonathan sonrió apenas y susurró para sí mismo

—Por supuesto que no te fallaré...

—Por supuesto que no te fallaré

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EDITADO: 11/9/25

Cosita jajajaja esas descripciones de Alec.

Nos vemos! besitos 💋💋💋

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