—Kate, ¡despierta!
—Un poco más, Sara— Sara es mi compañera de piso. Ojos castaños, pelo corto y negro, cara pequeña y alta. Muy alta. Le encantan los tatuajes desde que era una niña. Recuerdo que hizo su primer tatuaje a los diez años a escondidas de sus padres. Sus padres...bueno, dos personas bastante egoístas según ella me contaba. No la querían, incluso la maltrataban. A su padre le encantaba la cerveza, siempre venía borracho a la madrugada. Según decía Sara, ella hacía todo en la casa. Lavaba la ropa, planchaba, hacía la comida, limpiaba en lugar de su madre ya que ella casi nunca estaba en casa por "trabajo". A los quince años consiguió alejarse de ese sufrimiento y se mudó a España con la ayuda de un amigo cercano.
No me contó mucho de su vida, siempre decía que el pasado, pasado está y lo importante es vivir el presente porque el futuro es posible que ni llegue.
—No, son ya las ocho de la mañana y tienes el vuelo en...vamos a adivinar ¿ treinta minutos?—Abrí mis ojos de inmediato.
—¡¿Qué?! ¿Por qué no me has despertado antes?
No, no podía perder este vuelo. Tengo pensado ir a vivir a Seattle. Desde pequeña soñé mudarme allí con mi familia pero al parecer, no todos los sueños se cumplen. Desde que mis padres murieron en un accidente de coche, Sara se ofreció en ayudarme. Ha sido mi compañera de historias, mi amiga y mi hermana.
Salí corriendo de la cama y me dirigí al baño. Intenté cepillarme lo más rápido que pude mis dientes, me lavé la cara y me puse un poco de rimel. Realmente no me gusta el maquillaje excesivo y menos en verano, con el calor que hace. Al salir del baño, Sara ya no estaba en mi habitación. Me puse unos apretados jeans azules y una camiseta de tirantes blanca que estaban sobre el sillón, al lado de mi cama.
Había preparado mi maleta hace un par de días para estar segura de que no se me olvida nada. La cogí y salí de mi habitación en dirección a la cocina.
— Vaya, que rápida eres en preparar desayunos —dije.
—Lo sé cariño. Por cierto acabo de llamar un taxi. Dice que estará aquí en 5 minutos. Ven, desayuna rápido.
—Gracias.
Me senté a desayunar. Sara preparó una tortilla de patatas con jamón y queso, su favorita, y un zumo de naranja. Me encantaba esta chica, siempre estaba pendiente de mí.
En estos cinco minutos prometimos llamarnos cada noche para contarnos como ha ido nuestro día. Me pidió que le hiciera fotos y videos de Seattle y claro que le haré, esta chica se merece todo. También me dijo que, cuando necesitase ayuda, ella iba a estar a mi lado. Y no lo dudo, estoy convencida de que lo estará.
—Bueno Kate, el taxi ya está aquí. —Nos abrazamos y fue entonces cuando vi que una pequeña lágrima se cayó por su pequeño rostro.
—No te quiero ver triste, Sara. Puedes venir a visitarme cuando quieras, mi casa será tu casa
Me dio una pequeña sonrisa y nos despedimos.
(...)
Seattle, la ciudad de mis sueños. Miré la hora y eran las seis y media de la tarde. El vuelo se me hizo corto, y divertido a la vez. Al lado de mi asiento se habían sentado una mujer con un hombre. Supuse que era su esposo. Él le contaba historias y chistes e incidencias de su pasado. Era imposible no escucharlo pero gracias a él, el vuelo estuvo bien.
Salí del aeropuerto en busca de un taxi. Al encontrarlo, el taxista me ayudó a subir mi maleta al coche y le pedí que me llevara a un hotel más cercano. Apuntó la dirección y partimos. Es un chico de unos 30 años, alto, ojos claros y pelo medianamente largo con el cuerpo lleno de tatuajes.
Todo el camino escuchamos rock, parece que le encanta y no lo niego, rock es bonito pero no es el género musical que más escucho.
Me llevó al Loews Hotel, pagué el viaje, le agradecí y me dió una pequeña sonrisa antes de irse.
Caminé en dirección del hotel pero me sentía muy ligera. Espera...¡mi maleta!
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Rayan #Wattys2019
RomanceLa vida de Katerina Clark va a dar un giro de 180 grados desde que se muda a Seattle. Aparecerá en su vida Rayan Johnson, un jóven guapo, mujeriego, egocéntrico, lleno de tatuajes que le traerá sólo problemas. Son dos polos opuestos que aprenderán...
