Especial parte 4 || Kardia y Degel

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Un leve frío se coló por entre las sabanas y eso lo hizo salir de su sueño.

Abrió poco a poco sus ojos, más por pereza que por intentar acostumbrarse a la poca iluminación que se daba paso en la habitación, y cuando quiso moverse, se dio cuenta de que no podía hacerlo, porque unos fuertes brazos lo sujetaban con una posesividad notoria, pero a su vez, era un agarre tan dulce y suave, que costaba imaginar que alguien que se veían tan brusco, fuera el ser más tierno que pudiese existir. Alzó su rostro y dejó salir un leve suspiro al darse cuenta de lo bello que se veía dormido aquel hombre que amaba con toda la fuerza de su alma y el solo saber que también lo amaba, que le regresaba ese cariño, lo hacía sentirse todavía más enamorado. Algo en su pecho ardía con fuerzas al recordar cada suceso vivido la noche anterior y un leve sonrojo se hacía presente en sus mejillas cada que la imagen de Kardia amándolo ferozmente se plantaba firme en su memoria y mientras esos recuerdos en específicos se hacían más y más presentes, no solo en su cabeza, sino que también se manifestaban en su cuerpo, haciendo despertar no solo su imaginación, también otras cosas más, comenzó a bajar una de sus manos, acariciando lo máximo posible cada centímetro del pecho marcado del griego, remarcando su abdomen, yendo cada vez más abajo, aprovechando la situación de que ambos habían acabado su velada sin una sola prenda encima, solo las suaves sabanas que en un momento quedaron desperdigadas por el suelo antes de volver a su lugar en el lecho. Degel vio esto como una enorme oportunidad para volver a tener a su griego como siempre soñó tenerlo, y sus manos acabaron de bajar, un tanto temblorosas, pero siempre traviesas y algo calientes, hasta llegar a la parte más íntima del rubio, aquella que, sin querer admitirlo hasta el momento, pero siempre pensándolo, era su gran objeto de deseo, donde quería volcar toda la lascivia y la irrefrenable lujuria que había contenido desde el momento en que Natassia regresó con él, y entregarse por amor y entero compromiso a alguien que le demostrara el mismo amor que él daba.

Su derecha apretó con suavidad el miembro del heleno, y su pulgar también hizo algo de presión sobre el glande, cosa que finalmente hizo que Kardia dejara salir un gruñido cargado con una clara excitación, y que luego, de manera rápida y sin darle tiempo de reaccionar a nada, el griego enredó una de sus piernas en las contrarias y pasando sus brazos por la parte baja de la espalda de Degel, tomándolo fuerte de su cadera, dejó al galo sobre el colchón, encerrándolo en un fuerte abrazo mientras comenzaba a devorar con necesidad y mucha demanda los labios de aquel francés, quien seguía masajeando con constancia y suavidad su miembro. Kardia no podía centrarse en lo que deseaba hacer, que era recorrer con sus besos y sus caricias más sinceras todo el cuerpo de ese ángel que una vez más se le ofrecía sin pudor ni vergüenza, y que se le notaba aún más deseoso y hasta un poco desesperado por unirse a él de nueva cuenta, pero los calientes toques que Degel le daba no podía poner su mente relajada en sus metas. Se sentía realmente confundido de no poder hacer coordinar sus manos y su cabeza con los deseos que lo guiaban, era la primera vez que algo así le sucedía, nunca antes le había ocurrido tener a alguien a su completa merced y no poder hacerle nada debido a los nervios y la ansiedad, pero allí se encontraba, viendo que la frase "hay una primera vez para todo" también era aplicable para el gran Kardia Mettaxas. Quería amarlo, poseerlo, hacerlo suyo y marcarlo como propio de todas las maneras que fueran posibles, pero no podía poner concentración alguna en lo que deseaba, y aunque se obligaba a lograr su objetivo, no pudo tener control sobre su cuerpo, no pudo tener control con las cosas que Degel le hacía sentir y en menos de lo que pudo notar, un enorme y profundo suspiro abandonó su garganta mientras apretaba con un poco de rabia la almohada al lado de la cabeza de su amante, ya que sin quererlo se había rendido a las sensaciones que las manos de Degel le provocaban y había acabado por eyacular sobre el vientre y las manos del pelirrojo.

-Dios, no...

-¿Qué te pasa, amor?

-Yo... Esto nunca me pasó, lo juro.

Secuestrado (Finalizado)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora