Esperanzas vivas

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Sarahí sentía que estaba apunto de tocar fondo y entrar en una etapa de depresión y desesperación por dicha situación, en el transcurso del día pasó pensando cuál sería la razón para que Sebastian y Renata la citaran, pero su estado de ánimo la impulsó a cancelar la cita, ya que no era buen momento para salir a divertirse, porque según ella la cita es para que tenga momentos de distracción.

Sarahí procede a tomar su teléfono móvil y se comunica con Renata, ya que ella fue quien la invitó-
Sarahí: hola Renata te comunico que no podré asistir a la cita con ustedes, pero no se preocupen por mi, ustedes pueden salir a divertirse, no me siento bien para salir esta noche
Renata: pero Sarahí, no nos puedes hacer esto, es más Sebastián y yo planeamos esto para que salieras y no pases encerrada en casa
Sarahí: ya te dije Renata, no saldré hoy, cuídate y diviértete.

Renata al ver la actitud de Sarahí no se preocupó porque contaba con su plan b y sabía que ese plan no le fallaría, pidió a Sebastián que pasara por ella con la razón de convencerla, Renata estaba consciente que a él no podría decirle que no porque ella se sentía atraída por él y ella siente cómo una deuda con Sebastián por todo lo bien que él se a mostrado.
Llevándose las 6:30 pm Sebastián pasó por Sarahí, quien estaba en unas rachas desagradables, de pronto Sarahí escuchar el sonar de la puerta y lo primero que pensó fue que Renata había olvidado las llaves y con mucha prisa corrió abrir la puerta y se lleva tremenda sorpresa que era Sebastián quien estaba en la puerta, en ese momento Sarahí siento la verdadera vergüenza, pues Sebastián nunca la había visto así.
-Sebastián: hola Sarahí -mirándole detenidamente desde los pies hasta la cabeza y con una sonrisa en su rostro lanzó una pregunta además del saludo- ¿cómo estás, hermosa?
-Sarahí: muy bien, pasa adelante -Sarahí en ese momento se sintió incómoda porque a pesar de cómo la encontró Sebastián él siempre se mostró muy interesado por ella por tan gentil piropo lanzado
-llegaron a un momento donde ambos enmudecieron, pero a  Sebastián se le acaba el tiempo para decirle que salieran
-Sebastián: oye Sarahí, vine a llevarte a nuestra cita
-Sarahí: pero yo le comuniqué a Renata que no podría asistir porque no tengo ánimos de salir
-Sebastián: no puedes decirme que no, date prisa y arréglate
-Sarahí: ya es muy tarde Sebastián, mejor que sea otro día
-Sebastián: -con una sonrisa picaresca y una mirada intimidante- te arreglas o te llevo así como andas, tú decides
-Sarahí se sintió acorralada y sin salida no tuvo otra opción de arreglarse rápido, ella sabía que Sebastián era capaz de llevársela así-
-Sarahí: siempre te sales con la tuya, espérame, no me tardo
-Sebastián: esa es mi chica -guiñándole el ojo y lanzándole un beso-

Sebastián era tan influyente en Sarahí que tenía plena seguridad que nunca iba a recibir un no por parte de Sarahí, por eso aceptó la petición de Renata de que él fuera por Sarahí. Aquella joven al ver la presencia de Sebastián en su casa apresuró su ritmo para vestirse y le pidió cinco minutos, psicológicamente Sebastián esperó que esos cinco minutos fueran eternos, pero todo fue al contrario, no fueron eternos, pero tampoco fueron los cinco minutos, fue un tiempo razonable para que ella se pusiera elegante, pero lastimosamente que solo físicamente veíamos a un chica hermosa, pero moralmente estaba destrozada por los síntomas de depresión por l situación en la que ella se encontraba. Sarahí saliendo de la habitación le pide a Sebastián que se fuese preparando para salir porque estaba totalmente lista; aquel camino fue casi eterno para Sebastián, visto que ya no sabía qué más preguntar, porque Sarahí ese día iba de pocas palabras, ella no conversaba solamente respondía, cuando llegan a su destino Renata se sentía desesperada porque no llegaban y se hacía muy tarde

-Renata: hasta que por fin llegan, qué tanto hacían
-Sebastián: ella dijo que no se sentía bien para salir y tuve que conversarla
-Sarahí: pero que no vuelva a pasar
-Sebastián: sabes que siempre lo haré
-Renata: pasemos y hablamos adentro
-ya dentro del restaurante, tomando la mesa reservada y ordenando lo que iban a consumir Sebastián y Renata podían notar el silencio profundo de Sarahí, era algo extraño en ella, pues ella siempre tiene un tema de conversación y esta vez fue todo lo contrario-
-Sebastián: por favor cambia tu estado de ánimo, no quiero que sigas así, esto lo preparamos para que empieces a sentir con ánimos diferentes y te distraigas, pues no queremos que entres en depresión, sabes bien que nunca estarás sola nos tienes a los dos para eso, ni tu amiga, ni yo te daremos la espalda, no entiendo porqué te preocupas
-Sarahí: oye Sebastián, que poco me conoces, me dices que no me preocupe, cuando bien sabes que nunca me ha gustado ser una carga para los demás, sabes que siempre he sido independiente, y esta vez tampoco quiero que sea la excepción
-Renata: cálmate Sarahí, no te pongas de esa manera, es cierto que estás algo estresada, pero no debes de ser tan grosera
-Sarahí: si vinieron para acusarme mejor me voy
-Sebastián: comprendo que te sientes mal -tomándole la mano y dándole pequeñas caricias- pero quiero que te calmes, tenemos algo preparado para ti, son dos opciones que te van a generar ingresos
-Sarahí: lo siento por ser tan grosera, pero no me encuentro muy bien
-Sebastián: no queremos ser tan extensos e iremos al punto, existe una posibilidad de que regreses a trabajar a una empresa de un amigo, tú sabes que aunque quisiera tenerte en la mía no puedo, pues los demás directivos no lo aceptarían por la razón de que ellos saben que tú me gustas
-Sarahí en un estado de sonrojo al cien, por las palabras de Sebastián, la mirada de Sebastián hacia Sarahí eran tan penetrantes que Sarahí sentía que le miraba su interior-
-Sarahí: y la otra opción ¿cuál es?
-Renata: pues que emprendas con tu propio negocio
-Sebastián: eres tan práctica y directa, Renata
-Renata: jajajajaja si un poco
-Sarahí: pues no sabré qué decir, me inclino más por trabajar en una empresa, ya no tengo recurso para poder emprender por mi propia cuenta...
-Sebastián interrumpió apresuradamente-
-Sebastián: tú sabes qué no estás sola, nosotros podríamos ayudarte a que lo hagas, por eso no te preocupes
-Sarahí: si me dejarían pensarlo y yo lo más pronto posible les tengo una respuesta
-Sebastián: debes pensar bien las cosas y con mucha calma, no hay prisa

En ese mismo instante a Sarahí se le notó un cambio enorme en su rostro, pues ya existía una esperanza para que ella no se alejara de su amiga Renata, ya que ella continuaría con su ruta en busca del sueño americano, pero en ella en su interior corrían miles de ideas y a la vez no hallaba porqué decidir. Cuando su cita terminó todos fueron a casa y estando en ella Sebastián le pide a Sarahí si podrían hablar sobre sus vidas, pues Renata se despidió de Sebastián y Sarahí, y los dejó a solas; Sebastián no sabía por donde empezar la conversación, ya que sentía una timidez cuando estaba con ella, pero Sarahí tiró la primera interrogante y posteriormente entablaron una conversación muy amena, pudieron pasar un excelente momento, pero tuvo que despedirse y como que despedirse con un beso se estaba volviendo costumbre y al parecer extrañaban cuando no lo hacían, esta vez Sebastián se iba sin dar el beso, pero Sarahí con timidez lo recordó con una sencilla pregunta ¿y mi beso? En ese momento Sebastián quedó perplejo, sin palabras y sonriente, él corrió hacia ella, la abrazó con brazos de amor y le regaló un abrazo de esos que te hacen tener más seguridad, y la besó, un beso muy apasionado que ambos lo disfrutaron aún más de lo normal.


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