6 de marzo de 1950

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Importante: Esta historia es de mi completa autoría, cualquier copia, traducción o reproducción está prohibida y será denunciada.

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Jueves 6 de marzo de 1950, Algers Mills, Nueva Jersey.

Querida Natasha:

No he escrito para ti en mucho tiempo.

Sé que está de más pedir disculpas y aunque siempre digo lo mismo, necesito volver a repetirlo.

Jamás pienses que te he olvidado. Nunca podría hacerlo.

Estos años han sido una montaña rusa de emociones que ni siquiera he podido tomarme un respiro para pensar con tranquilidad.

Peggy y yo empezamos de nuevo. O al menos es lo que intentamos. No sé ni siquiera si lo estamos logrando porque ella está por completo entregada a su trabajo y yo al mío. Solo tomamos un descanso de vez en cuando para hacernos saber mutuamente que estamos cuidando el uno del otro. Pero no hay más. Es como si la chispa que mantiene encendida la flama del amor se hubiese apagado para no volver a encender jamás.

Me preocupa, porque justo ahora siento que aunque mi corazón sigue latiendo por ella ya no lo hace con la misma intensidad que alguna vez creí sentir.

Es más, podría jurar que ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que me sentí pleno a su lado.

Y es por ello que me decidí a hacer algo al respecto, porque sé que tal vez esta sea nuestra última oportunidad.

Hace unas semanas se me plantó la idea de adoptar un niño. Uno de los soldados que trabajaba conmigo en la misma división murió de varicela, surgió un brote y ahora mismo se puso el campamento en cuarentena. Pienso que no es nada grave, solo han sido unos pocos casos, el peor de ellos fue de este soldado que te mencioné. Dicen que la llegada de esta enfermedad es consecuencia de la guerra. A lo que voy es que él dejó un hijo, un pequeño de siete años que quedó solo en el mundo. Su madre murió al darlo a luz y su padre lo dejaba en casa de asistencia social mientras trabajaba en el ejército. Su nombre es Aaron Bennett. Ayer lo conocí y me pareció un niño muy inteligente.

Estoy esperanzado de que este pequeño sea la oportunidad para que Peggy y yo no fracasemos rotundamente como pareja. No sé si estoy en lo correcto, pero siempre he tenido la impresión de que la falta de hijos provocó nuestra separación.

Ahora espero que si logramos tener la familia que queremos, esa chispa de amor vuelva a surgir entre nosotros.

Sin embargo, tampoco quiero hacerme ilusiones. No he recuperado mi fe en soluciones divinas porque ninguna de mis peticiones ha sido escuchada.

Sigues sin volver conmigo.

Sigues sin estar aquí cuando más te necesito. Cuando necesito de tu ayuda para hacerme tomar la mejor decisión. Incluso en el trabajo tampoco es lo mismo, me hace falta mi compañera de batallas.

¿Será que por fin alguien me escuche y me permita verte una vez más?

Solo una vez.

Necesito una vez.


Te quiere y extraña ahora más que nunca.

Steve. 

2. HIATUS: UNA PARTE DE MÍ [Cartas a Natasha]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora