Capítulo 7

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Todo el bullicio de mi alrededor se convierte en una melodía estrepitosa que envuelve mi ser, que se aleja y se acerca, resonante y abrumadora. Siento que puedo escucharlos a todos y a ninguno a la vez. Papá ha tenido la vista fija en mí y me sonríe.

— Vamos, hija, todavía no haz probado tu alimento, ¿no tienes hambre?

— Déjala, está procesando lo que le dijiste hace un rato. —dice la mujer que me encontró y se ha mantenido junto a nosotros, él abre su boca para responder pero luego de unos segundos no dice nada, solo asiente y busca con su mirada a los lados.

— Hay diez niños y siete niñas, deberían haber veintiocho en total... En el siguiente segundo periodo vas a conocer a muchos nuevos amigos, por lo que tenemos hasta entonces libre para adaptarnos y pasarla juntos, ¿no es emocionante, chicas?

Sostengo una cuchara y examino con ella el contenido de mi bandeja, es grisáceo y uniforme, tomo un poco y lo acerco, no posee olor así que en breve lo cato; simplemente insípido. Alejo esa cosa de mí. Observo con detalle a la mujer, su rostro es pálido y su cabello de un azúl oscuro, de pronto se da cuenta y frunce su ceño como lo ha hecho cada vez que me ha visto. Un ruido me sobresalta y me doy cuenta de que todas las personas se levantan de los asientos con sus bandejas y botellas, forman una fila y abandonan la zona.

— Todas las actividades están condicionadas por horarios, pero nosotros tenemos un permiso especial debido a nuestra reciente llegada, así que el sistema es... Más flexible, dentro de lo que cabe. —cierra la boca terminando su alimento y la mujer bosteza, cosa que imito sin querer—. ¿Qué?, ¿las he aburrido? No se preocupen, ¡las llevaré a recorrer lo que nos faltó antes con Hatice! —otro ruido me vuelve a exaltar, ambos se paran de inmediato—. ¡Rayos, ya se nos hace tarde, vamos al centro de reunión!

...

El murmullo desaparece en cuanto un hombre alto sube a las gradas de frente y toma asiento mientras el resto esperamos parados su próxima movida; cierra los ojos, tensa su rostro, apreta sus manos en un puño y permanece así unos segundos, agarra una gran bocanada de aire y en un instante me asusta el cambio drámatico que ha surgido en él, es completamente diferente y no puedo dejar de contemplarlo.

— Soy Bilal... —pronuncia con tal habilidad que mi cuerpo vibra y me pierdo en cada una de sus palabras, me conmueve, me satura y en el momento que siento que voy a colapsar da un aplauso aturdidor.

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No sé qué decir... Tengo ganas de leer y dormir... ¿miau?

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