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‹ ð°ïž â Ella era perfecta para ese trabajo, pues su mayor habilidad era ocultar secretos â
ââ Dónde ð§ððŠðŠð ðð¢ð¡ððŠ regresa a Hawkins para descubrir los secretos del pueblo.
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El centro comercial estaba abarrotado aquel día. Desde el interior de Scoops Ahoy, Tessa podía observar el flujo constante de personas como si se tratara de una corriente imposible de detener. Mientras limpiaba una de las mesas cercanas al ventanal, veía pasar a familias cargadas de bolsas, algunas riendo, otras discutiendo por nimiedades; parejas tomadas de la mano que caminaban con dirección al cine, y grupos de adolescentes apoyados en el barandal del segundo piso, ajenos al mundo, riéndose de cualquier cosa que se dijeran entre ellos.
Todo parecía vivo. Demasiado vivo.
Entre ese ir y venir, reconoció a un grupo de chicas de su antigua escuela. No recordaba todos los nombres, pero uno emergió con claridad: Amy. La misma Amy que solía mirarla por encima del hombro en clase, como si Hawkins fuera demasiado pequeño para ambas.
Como si hubiera sentido la intensidad de su mirada, los ojos marrones de Amy se posaron en ella. Una sonrisa socarrona, cargada de burla, se dibujó de inmediato en sus labios. Le murmuró algo a sus dos amigas y, casi al instante, las tres voltearon hacia Tessa. Las risitas no tardaron en llegar.
No hacía falta demasiada imaginación para saber de qué se burlaban: del uniforme ridículo, del gorro de marinero, del simple hecho de verla ahí.
Tessa no lo pensó dos veces. Les alzó ambos dedos medios con descaro y se dio la vuelta sin esperar reacción alguna. Aun así, alcanzó a ver por el reflejo del vidrio cómo las tres abrían la boca, escandalizadas, ofendidas como si les hubieran cometido un crimen imperdonable.
Que se vayan al demonio.
Tal vez, dos años atrás, jamás se habría atrevido a hacer algo así. Sus padres siempre habían insistido en el respeto, en los buenos modales, en no rebajarse nunca al nivel de los demás. Pero sus padres ya no estaban.