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‹ ð°ïž â Ella era perfecta para ese trabajo, pues su mayor habilidad era ocultar secretos â
ââ Dónde ð§ððŠðŠð ðð¢ð¡ððŠ regresa a Hawkins para descubrir los secretos del pueblo.
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—No lo entiendo, ¿lo conocían? —preguntó Robin cuando iban de regreso por las escaleras.
El eco de sus pasos resonaba en el metal, amplificado por las alarmas lejanas y el zumbido constante de aquella base subterránea.
—No exactamente —dijo Steve.
Tessa enarcó una ceja y se detuvo de golpe. Se giró hacia él y se colocó frente a Steve, quedando un escalón más abajo, obligándolo a mirarla.
—¿Entonces? —preguntó, cruzando los brazos—. ¿Acaso está relacionado con lo que hablaban tú y Dustin hace rato?
Steve frunció el ceño, incómodo.
—¿No te enseñaron a no escuchar conversaciones ajenas? —cuestionó tajante.
El comentario la irritó de inmediato.
—No cuando están hablando delante de mis narices y no notan que estoy ahí —respondió con el mismo tono.
—¡Basta! —intervino Dustin.
Desde que habían bajado, se veía inquieto, nervioso, como si cada paso lo acercara a algo que no quería enfrentar. Continuaron descendiendo—. Podemos decir que es malo —indicó, refiriéndose a la extraña máquina.
—Muy malo —afirmó Steve.
—El fin de la humanidad como la conocemos —añadió Dustin.
Robin, Sinclair y Tessa se detuvieron en seco.
El aire pareció volverse más pesado.
Aquello no podía ser real. No podía ser más que una exageración absurda, una broma de pésimo gusto.