Adicta

202 19 1
                                        

Hacía dos años que no me cortaba. Pensaba que estaba bien. Qué no me pasaba nada. Qué mi vida había tomando un rumbo interesante.

Tengo vida social, nunca tuve tanta. Estuve con varias personas por diversión y en pareja. La gente me nota en la calle, ya no pasó desapercibida, y me miran bien, no con asco.

Estoy contenta con mis estudios universitarios, mis actividades extracurriculares, mí vida en general. Amo lo que estudió, no puedo parar de hablar de ello. Hasta mí familia va bien. Alguna que otra discusión, pero nada anormal.

Entonces, ¿Porque me siento de esta manera? Mis venas latente queriendo su contacto. Ansiosas por respirar, por largar aquello que guardan como oro. Mí mente es un caos y solo busca paz. Tranquilidad que será otorgada por aquella hoja metálica que se encuentran ya desfundada.

La navaja en mi mano derecha pide a gritos el contacto con mí piel. Mí piel lo pide también. Tan blanca como una hoja de papel, se pueden notar mis venas, parecen como si fueran ríos trazados en un mapa. Blanco y azulado. 

Retiro la pulsera que me han regalado hace poco. Perfecta para tapar la evidencia de esta historia.

La hoja de la navaja hace contacto con mí piel, desgarrando la. Respiró hondo sintiendo aquel placer que tanto anhelaba. Mí brazo cosquillea, el dibujo se extienden. El trazo dibujado de rojo carmesí es recto, de unos 4 cm. El rojo sale con fuerza, el corte ha sido profundo, pero tampoco lo suficiente para matarme.

Solo lo suficiente para hacerme sentir placer.

Extrañaba esta hermosa sensación. Lo único q detesto es la comezón que me agarra durante el proceso de cicatrización. Vuelvo a repetir la acción unas 4 veces más.

5 hermosos cortes se encuentran dibujados en mí brazo. Y no puedo estar más extasiada de placer. 

Me acuesto en mi cama con el brazo cortado extendido,con la sangre aún fresca. Me levanto el remeron qué era lo único que tenía puesto y dejó a la vista mí cadera. Era el lugar perfecto, justo donde mi ropa interior tapa. Nadie los vería.

Deslizo a quien alguna vez fue mi única amiga, la única que me hacía sentir viva. Volví a sentir aquel placer que ni con el sexo obtenía. Repetí la acción varias veces, cada vez con más fuerza, cada vez más difícil de cicatrizar. Pero no me importaba, yo solo quería sentir placer.

Perdí la cuenta de los cortes, todos estaban tapados por la sangre que no dejaba de salir. Cambié de cadera y repetí la acción, y puedo jurar, que acabo de gemir. Esto se sentía tan bien.

Estuve paseando a mí juguete por todo el cuerpo. Ya no había lugar donde no había una marca. La sangre seguía saliendo por varios cortes profundos. Mis sábanas teñidas de rojo me sacaron una sonrisa.

Pero había algo que me seguía molestando, mí muñeca seguía latiendo, pidiéndome a gritos que vuelva a abrir las heridas. Esta vez no fui delicada. La pasé bruscamente y demasiado profunda. Mi sangre se mezclaba con la sábana y mi cuerpo empezó a sentirse débil. Apoye la cabeza en la almohada cerrando los ojos, extasiada, jamas me habia sentido tan viva. 

Había descubierto mi heroína, pero ya era tarde, está ya me había matado. 


Historias de SuicidiosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora