Capítulo 5: Conclusiones

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Continuación

Después de que los agentes bajaran hasta el estacionamiento, se dirigieron hacia sus camionetas correspondientes y fueron al lugar que les asignaron. Aunque los que se dirigían a la morgue no necesitaron bajar al estacionamiento, ellos bajaron hasta el cuarto piso en donde habían sido trasladados los cuerpos en la mañana.

Mientras tanto, en el vehículo del jefe de la UAC, la atmósfera era de una calma meditativa interrumpida solo por el murmullo constante del motor. Rossi miraba por la ventanilla el tráfico de la ciudad antes de romper el silencio, girándose ligeramente hacia el asiento del conductor.

—Me sigo preguntando por qué Emily nunca nos contó que tenía una hermana mayor... y mucho menos una que resultara ser nada más y nada menos que la directora de la CIA —comentó Rossi, ajustándose el saco mientras observaba de reojo el perfil rígido de Hotch—. A veces pienso que, después de todos estos años trabajando codo a codo y enfrentando al infierno juntos, en realidad no sabemos tanto de ella como creíamos.

Hotch mantuvo las manos firmes al volante, con la vista clavada en la avenida.
—Las personas que crecen en familias diplomáticas de alto nivel aprenden a compartimentar su vida desde muy jóvenes, Dave. Para Emily, mantener la esfera privada separada de la profesional no es solo una costumbre; es un mecanismo de supervivencia.

—Aun así, es un detalle bastante grande para pasar por alto —insistió el italiano, rascándose la barbilla pensativo—. Quizás en algún momento la mencionó de pasada, en medio de alguna conversación informal sobre su infancia en las embajadas, y simplemente no supimos leer entre líneas.

—Tal vez —concedió Hotch, haciendo una breve pausa mientras maniobraba en un cruce—. Aunque, siendo objetivos, la propia directora lo dejó bastante claro allá arriba: nosotros jamás preguntamos. Asumimos una estructura familiar basada en lo poco que vimos.

—Porque todos dábamos por sentado que Emily era hija única —recordó Rossi, inclinándose un poco más hacia él con genuina curiosidad—. Dime algo, Aaron: cuando trabajaste en los esquemas de seguridad para la embajadora Prentiss hace años, ¿nunca te cruzaste con la directora? ¿Ni un expediente, ni una fotografía familiar en las oficinas?

—En mis tiempos asignado a la protección de su madre, jamás escuché una sola palabra sobre otra Prentiss que no fuera la embajadora o, muy de vez en cuando, Emily —respondió Hotch con tono neutro—. De hecho, en aquella época apenas oía hablar de Emily. Nunca la vi en la residencia oficial porque creo que en ese período estaba terminando sus estudios en Yale o empezando sus propios pasos en la academia. Cuando se presentó por primera vez en mi oficina de la UAC para unirse al equipo, solo la asocié por el apellido; nunca antes la había visto cara a cara.

Rossi soltó una breve carcajada irónica y puso una mueca de incredulidad.
—¿Hablas en serio? No tenías ni idea de cómo lucía la hija de la mujer que estabas protegiendo... —dijo negando con la cabeza—. Bueno, eso explica muchas cosas. Ahora entiendo perfectamente por qué Emily a veces se enojaba bastante contigo durante sus primeros meses en la unidad.

Hotch arqueó una ceja un instante, desviando la mirada de la carretera solo un segundo para confrontar la afirmación de su compañero.

—¿A qué te refieres?

—A que debió de ser un golpe a su orgullo saber que el hombre a cargo de la UAC, que además había custodiado a su familia, ni siquiera sabía quién era ella cuando cruzó esa puerta —explicó Rossi con una sonrisa inclinada—. En fin, supongo que la conclusión de todo esto es bastante simple: las mujeres de la familia Prentiss son un enigma envuelto en un secreto de estado.

Trabajando Juntos (CIA, INTERPOL, FBI)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora