𝐕𝐆 |❝Miller se arrodilló y tomó el rosario que se encontraba arriba de su mesita de noche. Lo agarró con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. El suave murmullo de su rezo invadió la fantasmal habitación.
Una carcajada perversa se tra...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
─✧ ─✧ ─✧ ─✧ ─✧ ─
Miedo
─✧ ─✧ ─✧ ─✧ ─✧ ─
Narradora
Sky se despertó. La luz de la mañana, que se colaba por las cortinas, no logró disipar las imágenes aterradoras que le quedaron de la noche: la forma cínica de Pennywise, la voz hueca de sus padres, la culpa. En un intento forzado de valentía, trató de restarle importancia. Fue una pesadilla. Un sueño vívido causado por el estrés.
Bajó las escaleras y cumplió con la rutina. Cameron estaba en la cocina, con el desayuno listo y Elvis de nuevo en la radio.
Las ojeras, que habían desaparecido por poco tiempo, estaban de vuelta, oscuras y pronunciadas, arruinando su rostro. Sus ojos estaban levemente hinchados y rojos, fijos en un punto cualquiera de la mesa. Cameron la observó con tristeza y melancolía. Sabía que su hermana no había dormido bien.
La cabeza de Sky dolía levemente y sentía que caería rendida en cualquier momento. Se preguntó: ¿Algún día seré feliz? ¿Por qué todo lo malo me ocurre a mí? ¿Y qué demonios había sucedido anoche en su habitación?
Cuando terminó de comer, el teléfono sonó.
—Yo atiendo —dijo Sky con un tono de voz inusualmente suave. —Está bien.
Tomó el auricular, sintiendo su mano pegajosa.
—¿Hola? —Hola, Sky. —Oh, eres tú, Beverly. —Oye, ¿puedes venir urgente hasta mi departamento? Estoy llamando a todos los chicos. —Pues supongo que sí. Seguro Cameron me deja. ¿Pasó algo grave? —Sí. Algo muy grave. —Oh, está bien. Ahora voy. Nos vemos, Beverly. —Adiós, Sky. Nos vemos.
Algo grave había sucedido, lo sentía en el tono estrangulado de la pelirroja.
—Hey, Cameron, voy a la casa de Beverly —informó, dirigiéndose hacia la puerta. —Sky, ve con cuidado —le dijo Cameron, con una seriedad que intentaba transmitir que no quería que nada malo le sucediera.
La menor de los Miller lo observó unos segundos y le dedicó una sonrisa cansada.
—Sí, adiós. —
Agarró un hoodie y se lo colocó en su menudo cuerpo. Buscó la bicicleta y fue directamente a la casa de Richie Tozier. Necesitaba esa distracción ruidosa que solo él podía proveer. Cuando llegó, él estaba buscando su bicicleta en el porche.
—Hey, gafitas, ¿vamos a la casa de Beverly? —Interpeló. —Claro —dijo Richie, sin dudarlo. Algo en el rostro demacrado y pálido de la chica le extrañó, pero no comentó nada. No era el momento para su humor pesado. —Entonces, ¡apúrate, llegaremos últimos! —dijo Sky, apresurando.