El domingo en la mañana fui a casa de mi madre y allí como de costumbre estaba Don Julio, con una taza de café y una sonrisa que reflejaba nostalgia. Pues Don Julio era el mejor amigo de mi padre, quien compartió con el hasta en su último momento. Sabía cuan alegre le hacia esa visita tanto a el como a mamá. Pues es su apoyo desde entonces. Así que me límite a dejar unas cosas en la cocina sin que notaran mi presencia y volví a mi casa.
Entré a la ducha a tomar un ligero baño antes de ir a trabajar cuando el timbre de la casa sonó, maldije suavemente, me envolví en una bata y salí aún con un poco de agua bajando por mi cuerpo. Abrí la puerta, miré el sobre en su mano, miré su cara avergonzada mirando mi cuerpo mojado y recordé como andaba. Maldito, maldito oficial, ¡por qué sigues apareciendo!? Repetí una y otra vez para mí misma.
Me limité a abrir la puerta y dejarle pasar mientras subía las escaleras a mi habitación para ponerme mi uniforme y enfocarme en que su presencia no podía seguir irritándome. Debía calmarme y escuchar su disculpa que no tenía por qué dar. Estoy segura de que solo aprovecha esta oportunidad para acercarse. Bajé y vi como su mirada se conectaba a la mía. Me senté luego de ofrecerle algo de tomar y el negarse. Lo miré en silencio, esperando que diera la primera palabra.
-Te perdono. Dijo con una sonrisa.
-Me perdonas? ¿Que? No entiendo.
-Destruiste mi carro, me acusaste con tu madre y te negaste a recibir mi ayuda. Te perdono por eso.
-Tienes razón, es más, no tenías por qué venir a mi casa. No entiendo que está mal contigo...
-Te traje un cheque por los daños, solo para asegurarme de que no caminarás sola y estarás bien.
-No lo aceptaré, ya me hice cargo de eso. Mentí para sentirme a la defensiva.
-Eres muy complicada.
-Complicada? Entiendo que tengas una responsabilidad con los ciudadanos, pero no entiendo porque tanto interés en mí, ¿Eres un oficial de verdad?
-Aysel vamos. Solo quiero ser amable y no niego que no pueda dejar de presentarme ante ti, pero me llenas de un sentimiento que no logro explicar. No quiero que me malinterpretes, jamás en la vida iría detrás de alguien y arriesgar mi trabajo, pero tu mirada.... Es como si la hubiera visto antes y ya no pude contenerme. Dijo con una mirada tierna que me estremecía y me agradaba. Maldito, Maldito oficial, ¡¿por qué sigues en mi vida?!
-Tengo a alguien en mi vida así qu...
-Por eso llorabas la otra noche?
-No es algo de lo que pueda hablar ahora mismo.
-Las relaciones son difíciles jovencita.
-Ya te dije, no es algo que deba hablar.
-Te propongo algo, soy mayor es evidente, ¿qué tal si te ayudo?
-Ve al grano! Dije impaciente aún sabiendo lo que proponía.
-Me encargaré de que sepas, Aysel. Es una propuesta indecente de mi parte, pero no habrá lágrimas, solo placer. Insistió acercándose lentamente a mi cuerpo.
-Estas soñando oficial.
-El sexo es un placer, no un sueño reina.
-El problema es que no creo que puedas darme placer. Dije para molestarlo.
No entiendo que pasa por la cabeza de este hombre que apenas y sabía mi nombre.
Termino mis últimas palabras a lo que él no responde nada, solo se levanta y se despide de mí.
-Nos vemos el próximo jueves después de la 1:00 P.M. Anota mi número.
-No eres oficial? ¿Eres un demente en busca de placeres sexuales?
-Tienes miedo de que te guste?
-No me jodas!
Salió de mi casa luego de darme su número y con una sonrisa muy satisfactoria. Entré al comedor mientras pensaba en todo lo sucedido, realmente debe estar loco, tiene algún problema sexual, su madre lo dejó caer cuando nació a lo mejor, ¿cómo será su pene?........ Mi cabeza no sacaba ninguna situación de las anteriormente vividas de ella, solo recordaba una y otra y otra vez mis últimas semanas. Maldito, Maldito oficial, ¿por qué sigues en mi mente?
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Oficialmente Enamorada
RomansaAysel despierta en una habitación de Motel, enterándose que había sido abandonada ahí por quien era su pareja. Tras el incidente de esa noche se encuentra con un Oficial, quien por alguna razón no podía sacarla de su mente, pero ella se niega a ser...