V

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A SILENT CALL

La noche tenía un silencio falso, como si el mundo contuviera el aliento.

Yoongi observaba desde las sombras, con los ojos entornados. Su aura era tenue, casi imperceptible, como si incluso la luz temiera revelarlo. A unos metros frente a él, en un claro entre árboles oscuros y húmedos, dos figuras se enfrentaban.

No. No se enfrentaban. Se atraían la una a la otra; como imánes.

Taehyung tenía la espada serafín en mano, apenas alzada. Su respiración era errática, sus labios entreabiertos. Frente a él, como una estrella caída del cielo equivocado, estaba JKiller. El demonio disfrazado de mundano. Sonriendo con la boca manchada de pecado.

Sus rostros estaban a milímetros.

Demasiado cerca.

JKiller inclinó el rostro con descaro, sus labios peligrosamente cerca de los de Taehyung. El silencio entre ellos no era vacío, sino algo vivo, tenso, latiendo como una herida abierta a punto de sangrar.

Yoongi entrecerró los ojos. Esa cercanía no era parte de una emboscada. No era odio. No era un enfrentamiento.
Era algo mucho más peligroso.

—¿De verdad me odias tanto como dices, V? —susurró JKiller con una sonrisa ladeada, la voz cargada de calor y provocación, mientras sus dedos rozaban la muñeca de Taehyung con descaro—. Porque tus ojos... tus ojos desean lo mismo que yo. Y si me lo pides, me arrastro. Por ti haría cualquier cosa. Incluso quedarme quieto, aunque lo único que quiera sea besarte.

Yoongi sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

El cuerpo de Taehyung se tensó, pero no retrocedió. Ni una pulgada. De hecho, se inclinó apenas, como empujado por una fuerza invisible, sus labios entreabiertos, la respiración atrapada en el pecho.
El deseo se le marcaba en las manos, en los hombros, en los ojos que temblaban de furia y de necesidad.
Y JKiller... JKiller lo miraba como si nada más importara, como sí fuera la única maravilla en su retorcido mundo.

Los labios estaban a un suspiro. Un solo parpadeo más y todo iba a quebrarse. La línea, el deber, la razón.

No podía permitirlo.

Yoongi se irguió desde las sombras y alzó la mano en dirección al demonio. Sus dedos trazaron en el aire un gesto ancestral mientras sus labios pronunciaban palabras olvidadas, antiguas y llenas de poder.

Exsurge, abyssus. Adtrahe daemonium sub terra. Aperiatur porta inferni, et devora —susurró con voz baja y firme.

El aire se rompió.

Bajo los pies de JKiller, la tierra se abrió con un estruendo sordo. Un agujero negro, profundo, se desgarró como la carne de la realidad. Las raíces se retorcieron, la temperatura descendió. Y desde abajo, una ráfaga pútrida emergió con un rugido antiguo.

Los ojos de JK se abrieron. Sonrió. Su sonrisa era retorcida, oscura, aceptante.

—Ah... estás celoso, ángel —murmuró, mientras sus cuernos se materializaban sobre su frente como coronas profanas. Sus brillantes ojos celestes, cuál diamantes observaron con desdén a la figura oculta de Yoongi.—. No te preocupes, a ti también te tocará tu turno. Aunque no creo que te veas tan lindo sangrando.
El suelo lo devoró.

Una última mirada a Taehyung. Como una advertencia. Como una promesa rota.

Y luego desapareció.

El silencio volvió. Pero estaba sucio. Roto. Como el alma de quien había presenciado el acto más doloroso que pudiese existir.

HIM || VKOOKDonde viven las historias. Descúbrelo ahora