VIII

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La noche había caído sobre el Instituto de Daegu como una capa espesa de plomo.

Las luces estaban tenues, los pasillos en silencio... pero Taehyung no podía dormir.
Llevaba horas caminando por los corredores ocultos de la biblioteca, con el rostro demacrado, los labios resecos de tanto morderse a sí mismo.
Estaba buscando respuestas.
Estaba buscando una salida.

No quería seguir mintiéndole a su equipo. No quería seguir protegiendo a Jungkook.
Y sin embargo... no quería perderlo.

Había abierto todos los tomos prohibidos de la Sala Negra.
Había hojeado tratados antiguos, pergaminos que ni siquiera sabían si eran reales o superstición.
Y cada vez que encontraba la palabra desrunificación, una punzada le recorría el pecho.

Borrar las runas. Borrar los recuerdos. Borrar el alma.

No.

No podía olvidar a RM, ni a Eve.
Ni a Jin.
No podía olvidar sus primeros demonios, ni el olor a metal de su espada serafín.
No podía olvidar a Jungkook. No ahora que sabía su nombre. No ahora que su alma lo perseguía incluso en sueños.

Un texto antiguo hablaba de un ritual arcano, realizado una sola vez por un nephilim que amaba a un subterráneo y que no quería ser desrunificado.
Pero el ritual terminó mal. Su alma se dividió, y nadie volvió a verlo.
No funcionó.
No sobrevivió.

Taehyung apretó los dientes, cerró el libro de golpe.

Se arrodilló en la alfombra entre las columnas de piedra y se cubrió el rostro con ambas manos.

—¿Qué estás buscando que no quieres encontrar? —preguntó una voz baja, desde la sombra de una estantería.

Taehyung se giró, la sangre enfriándosele en las venas.
Era Yoongi.

Llevaba los ojos brillando suavemente, sin luz externa, como si su alma aún recordara la gloria de la que cayó.
Vestía de negro, como siempre.
Y caminaba con una serenidad que dolía.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —murmuró Tae, poniéndose de pie.

—Desde que empezaste a leer el libro de Ithriel. —Su voz era apacible, pero había un filo en su tono—. Nadie abre eso a menos que quiera borrar algo... o evitar ser borrado.

Taehyung bajó la mirada.
Se sentía desnudo frente a Yoongi. Siempre había sido así. El ángel caído tenía la capacidad de verlo... incluso cuando él no sabía cómo se sentía.

—Quiero dejar de ser un Shadowhunter —confesó. Por fin. En voz alta.

Yoongi no respondió. No hubo sorpresa en su rostro. Solo... un leve endurecimiento en la mandíbula.

—Pero no quiero que me quiten las runas. No quiero olvidar a nadie. No quiero olvidar a Jungkook.

Ese último nombre le supo a pecado.
A desesperación.

Yoongi se acercó y se detuvo frente a él.

—¿Por qué? —preguntó suavemente.

Taehyung lo miró, con los ojos rojos de tanto llorar.

—Porque ya no sé si quiero matarlo o besarlo. Y si me quitan las runas... me van a quitar todo eso. Van a matarme igual, pero sin usar una espada.

Silencio.

Yoongi lo observó como si analizara cada grieta de su alma.
Y luego, bajó la mirada al suelo.

—No existe forma conocida de renunciar a tu sangre de ángel sin consecuencias. La desrunificación está unida a la memoria. Es como borrar la tinta del alma con fuego sagrado.

HIM || VKOOKDonde viven las historias. Descúbrelo ahora