I

542 33 8
                                        

EL MUNDANO DE ORO

El sonido seco de los puños contra el saco de boxeo era un mantra. TaeHyung golpeaba con precisión inhumana, como si cada impacto arrancara una preocupación de su alma. El sudor le corría por el cuello, la camisa negra pegada a su torso marcado por runas antiguas, vivas, palpitantes.

Cada tarde de jueves, se encerraba a romper algo. Y si no era el saco, sería una pared, o el cráneo de algún demonio que tuviera la mala suerte de cruzarse.

Después de una ducha rápida, se puso su chaqueta ajustada y bajó al centro de mando. Aún no olvidaba lo que había pasado la noche anterior. Un mundano le había ofrecido una bebida... uno con unos malditos ojos que parecían leerle el alma. Uno con una sonrisa de tentación y muerte.

Y casi se acuesta con él.

—Buenas tardes, rompe sacos —saludó Eve, cruzando los brazos con una sonrisa de costado.

TaeHyung rodó los ojos. —Y muy buenas para ti, lengua venenosa.

—La otra noche te esfumaste. ¿Dolor de cabeza o problemas de bragueta?

Él rió, pero no respondió. Porque sí, había sido un problema... aunque no en la bragueta, sino en la cabeza. Porque no dejaba de pensar en ese maldito mundano. En cómo se le había metido bajo la piel con tan solo una mirada.

El silencio fue cortado por Marc, el líder del Instituto:

— Delta, acérquense. Tenemos un caso crítico —dijo con gravedad—. Un mundano ha estado asesinando vampiros y revelando identidades subterráneas. Ha violado los Acuerdos, ha hecho contacto con Seelies y licántropos... y puede vernos. La Reina no ha presentado una queja, pero la manada del norte y los vampiros están arremetiendo contra los cazadores del área, tienen una idea de que somos nosotros los que han estado violando los acuerdos. Tengan cuidado, porque irán por las cabezas de ustedes.

El silencio fue como una puñalada colectiva.

—Ha matado a tres Shadowhunters en Busan y robado sus estelas. Dos vampiros a plena luz del día frente a un grupo de mundanos aquí en Daegu. Ha torturado mundanos con runas grabadas en carne viva. Lo llaman JKiller. La Clave quiere su cabeza... o mejor dicho, su confesión. No puede morir todavía.

TaeHyung levantó la cabeza. Ese nombre le heló la sangre.

JKiller. ¿Jungkook? El mundano del bar. El de los ojos insolentes y la sonrisa criminal.

—V, RM, Eve, Jay. En marcha —ordenó Marc—. Y no quiero errores.

—Afilaré los cuchillos, V. —comentó RM, palmeándole el hombro.

—Yo afilaré mis..¿instintos? —respondió con una sonrisa torcida.

Mientras caminaban hacia la sala de armas, TaeHyung intentó calmar la tormenta en su cabeza. Pero todo volvía al mismo maldito pensamiento: ese mundano no era normal, no podría serlo si logró entrar a Pandemonium, además de verlo. Y lo había embrujado con solo una copa de whisky y una sonrisa de infierno.

—Bien —comenzó V, cruzado de brazos frente al equipo—. Nuestro objetivo es un mundano escurridizo. Según Joseph, se escapa con facilidad, es rápido, ágil con las manos... y bastante bueno con las pistolas. El último lugar donde lo vieron fue Somchimdeong-ssi, entre Phalbok y BongSi. Estaba bebiendo en un bar, y después tuvo un altercado con un Seelie.

El ambiente se tensó de inmediato.

—Eve —continuó TaeHyung—, encárgate de ir al Reino Seelie. Presenta disculpas y consigue información. Ese Seelie con el que discutió debe saber algo más. Jay, ve con ella. RM, tú vienes conmigo. Iremos a los bares cercanos. Si es alcohólico como dicen, no debe estar muy lejos.

HIM || VKOOKDonde viven las historias. Descúbrelo ahora