El cazador legendario del Instituto de Daegu, desaparecido en las sombras durante décadas , sólo rastreado por unos pocos cazadores y vampiros.
Al cual La Clave le confía la misión más importante de el submundo, capturar al mundano de oro, JKiller...
— ¡V! Creo que esto es para tí. — Amy le entregó un papel a medio quemar y ensangrentado con una mirada curiosa.
— Gracias. — Soltó con desgano. La presión de la clave sobre sus hombros, debía enviar un informe detallado y preciso de los encuentros con JKiller y el avance esperado, pero no tenía nada más que una pelea coquetona y las muertes de una manada en sus manos.
Saludos precioso. ¿No quieres salir a jugar un poco? La última vez no fuiste tan cuidadoso conmigo, casi me partes, y no como quisiera.
Te aconsejo llegar, no creo que te agrade que La Clave se entere de tu pequeña fechoría contra un clan de licántropos, técnicamente violarías los acuerdos ¿No? Igual te lo mereces por descubrirme sin preguntarme, ouch.
Con amor, el amor de tú vida y el dueño de tus sueños, JKILLER
Éste maldito perro.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El ambiente está cargado de incienso y alquimia. Sombras retorcidas se deslizan por las paredes de ladrillo viejo mientras los símbolos demoníacos parpadean en rojo sobre un círculo mágico trazado con sangre seca. Ezzex acaba de lanzar el mensaje de fuego. JKiller observa en silencio desde un rincón, sentado sobre una mesa con las botas cruzadas, limpiando una daga curva con una camisa vieja.
—Y ya está. —anunció Ezzex con un gesto despreocupado mientras la llama se extinguía con un siseo agudo— Mensajito ardiente entregado a tu cazadorcito.
JKiller alzó una ceja, sonriendo como un gato satisfecho.
—¿Tú crees que me extraña? —murmura, fingiendo inocencia mientras gira la daga entre los dedos—. Tal vez esta noche sueñe conmigo... y se despierte mojado en sudor. O sangre. Según qué tan feliz esté de verme.