II

132 25 3
                                        

Yo apoyado en un árbol y Jun aún sentado en la tierra húmeda, nos miramos extrañados, intentando comprender a qué se refería ese chico con que era peligroso.

Jun regresó su mirada al muchacho para extraerle más información acerca del tema.

—¿Cómo es eso de que eres peligroso? —interrogó.

—Si ustedes se acercan a mí, morirán —respondió, todavía mostrando sus manos, aunque nosotros hubiésemos adoptado una posición pasiva frente a él.

Me pareció absurdo. ¿De qué forma un chiquillo salvaje, con uñas alargadas, podría matarnos? A lo más nos rasguñaría un poco, ¿no?

—Vamos, Jun. No hay caso que sigamos aquí —intenté convencerlo por última vez, pero él negó.

Bien. Nos quedamos. Como el doctor Wen diga.

—¿De qué forma podríamos morir? —continuó Jun con el interrogatorio.

—Lenta y silenciosamente.

Jun me miró con ojos aterrados, pero yo rodé mis ojos porque la situación no dejaba de parecerme ridícula. Acabé sentándome al lado de Jun, esperando que en algún momento el niño cediera y se acercara a nosotros.

—¿Vives solo? —pregunté yo. Si él continuaba viéndome con mala actitud, de ninguna forma ayudaría al plan de Jun, que por cierto ¿qué carajos planeaba hacer con él?

—Sí. No puedo vivir con más personas —respondió el chico, temeroso.

Jun se levantó y se alejó unos cuantos metros, mientras me señalaba con su mano que lo siguiera. Una vez a su lado, me miró con ojos muy grandes.

—¿Viste eso, Brian? —Aunque me llamó de esa manera, sólo pude concentrarme en lo que iba a decirme—. Su actitud es escalofriante.

—A mí no me parece —contradije, encogiéndome de hombros—. Es sólo un niño salvaje.

—No... Algo esconde —murmuró, posando sus manos en las caderas, mientras mordía su labio, pensativo.

—¿Y qué quieres hacer?

Jun me miró e inmediatamente supe qué tenía planeado hacer.

—Oh, no. No nos llevaremos a ese chiquillo al laboratorio. Estás loco —me apresuré a decir.

—Vamos. No es como si fuéramos a experimentar con él.

—Quieres experimentar con él, no lo niegues —rebatí—. Te llama la atención que esté así de desastrado, ¡pero no puedes usarlo como objeto de experimento!

Creo que alcé demasiado la voz, porque el muchacho se aproximó un par de pasos.

—¿Ustedes son científicos? —preguntó. Su rostro era inexpresivo, así que no supe si decirle la verdad o mentirle. Mejor lo dejé en manos de Jun.

—Sí, lo somos —contestó mi compañero.

Respuesta incorrecta. El crío salió corriendo y no volvimos a verlo ese día.

—Mierda...

Radioactive | JunHoon [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora