Sabrina:
Me duele el estómago o se me explotó un ovario, ¿eso es posible? También puedo tener colitis. Bueno, no sé, creo que solo son los nervios. Sam me invitó a salir ayer y hoy nos íbamos a ver. Estaba tan emocionada que casi no pude dormir, y cuando al fin lo logré me volví a despertar. Eran las seis de la mañana, me quedé en la cama como por tres horas, hasta que al fin bajé a desayunar. Me bañé rápido y me alisté. Salí de mi casa, había pedido un Uber porque me daba mucha vergüenza que mis papás me llevaran, ya que me hubieran pasado molestando todo el camino. Sam dijo que nos viéramos en el centro comercial en un restaurante italiano que había ahí. Pensé en todo lo que podría salir mal, como que se me cayera la comida en la ropa, botara mi bebida en la mesa o reírme tan fuerte que daría pena ajena. Intenté pensar más positivo.
Cuando llego al centro comercial me voy caminando hacía el restaurante, veo a lo lejos a Sam, rápidamente me miro la ropa para revisar que no tenga nada raro, me había puesto crop top amarillo y unos overoles de mezclilla. Vuelvo la vista otra vez a Sam y él todavía no me ha visto. Me voy acercando a él con cuidado de no resbalarme por pura idiotez. Cuando Sam me logra ver me saluda y se acerca hacia mí, pero antes de llegar se tropieza con sus propios pies y cae de cara.
No te rías, no te rías.
Llego corriendo hasta él, la gente de alrededor nos vuelven a ver. Unos se ríen, otros preguntan si está bien, y otros más se acercan de metiches.
—¿Sam? ¿Estás bien?—le pregunto, él rueda en el piso hasta que me pueda mirar. Está rojo. Seguro de la vergüenza, si me hubiera pasado a mí me habría puesto a llorar ahí mismo.
—Creo que me quebré la nariz—me dice mientras se la sostiene, tiene chorros de sangre bajándole por los labios.
—Deberíamos ir a un hospital, no dejas de sangrar.—Sam se sienta en el suelo—. Solo hay un pequeño problema. No tengo auto.
—No importa. Iremos en el mío—Sam se levanta del piso, la gente vuelve a lo que estaba haciendo antes.
—¿Y cómo vas a conducir así?—él se ríe.
—Tranquila, no voy a conducir. Tú lo harás.—Me dice señalándome. Yo niego con la cabeza.
—No, no y no. Yo no voy a manejar.—digo rotundamente.
—¿No tienes licencia?—¿Que si tengo licencia? Claro que tengo, aunque no sé el porqué...
—Si tengo, pero soy un asco manejando. Te lo juro.—Él me mira con cara confundida.
—No lo creo, vamos ya, me duele mucho.—Yo asiento, saco un pañuelo de mi bolso.
—Ten, límpiate—él toma el pañuelo y se lo pone en la nariz, rápidamente el pañuelo se tiñe de rojo—. ¿Dónde está tu auto?
—En el estacionamiento, duh.—Me dice, que actitud. Yo lo vuelvo a ver irritada, él me devuelve el gesto. Maldito. Sigue siendo el amor de mi vida, pero que maldito.
Cuando llegamos al auto, Sam me da las llaves y enciendo el auto. Buen comienzo.
—Pon el GPS—me dice Sam—. Así llegamos más rápido.
—Ya va, eres un impaciente—le digo entre dientes.
—Ey, no uses ese tono conmigo—me dice en español.
—No te atrevas a regañarme en otro idioma, Samuel Antonio.—le digo yo, le doy las gracias a todos estos años de aprender español.
Samuel:
De acuerdo, Sabrina hablando en español es una de las mejores cosas que he escuchado. Eso mejora un poco mi ánimo. No he tenido un buen día. Primero, Brooke pasó toda la mañana quejándose porque necesita unas zapatillas de ballet nuevas. Luego, mi celular dejó de funcionar mientras venía entrando a centro comercial. Y por último, me caigo de cara al frente del amor de mi vida y arruino la cita. Esto es increíble.

ESTÁS LEYENDO
The Miserable Squad (DESCONTINUADO)
HumorUn grupo de seis mejores amigas, Madison, Olivia, Alex, Sabrina, Amanda y Clair. Entran a su segundo año de secundaria, lo que no saben es que al final del año escolar van a tener muchas anécdotas graciosas y uno que otro mal recuerdo. Oh, y hay que...