Creo que a ti debo agradecer el hecho de que ahora sepa llorar en silencio.
Debo agradecer que me hiciste una mujer fuerte y no creer en palabrería, es cierto que me dolió mucho tu partida y es por eso que ahora odio las despedidas.
Hiciste que no quisiera esperar algo de los demás, eso lo aprendí cuando esperaba tu regreso y nunca llegabas, o las veces que me dejabas plantada en mis fiestas de cumpleaños y festivales por el día del padre, supongo que así te ahorrabas el ver mis dibujos con crayolas y esa terrible bufanda que teji para ti.
Estaría mal al decir que me hiciste perder la fe en los hombres, realmente no fue así y creo que después de todo eso también aprendí lo que hoy es mi pasión; el dibujo.
No pretendí ser un centro de atención, detestaba las miradas de lástima y las personas que querían simpatizar solamente porque era la niña de los padres separados, papá se te olvidó que eras mi héroe, que leías los cuentos antes de dormir y que debías ser el caballero que me protegiera de los monstruos debajo de mi cama.
Y es por eso que no puedo odiarte, porque siempre pensé que tú lo hacías para que fuese más valiente, porque no querías que llorará cuando fuera a la escuela por primera vez, o cuando las personas que más quería se fueran sin dar una explicación.
Papá no puedo odiarte por quitarme el papel de princesa y ponerme el de caballero al tener yo que enfrentar los miedos de una niña de 5 años.
Quizá eras muy atolondrado, subestimaste mi inteligencia al poder quitarte el móvil y esconderlo debajo de mi almohada porque sabía que en cuanto sonará debías partir.
No te odio papá, solamente detesto el que te hayas ido tan pronto de mi vida y más aun que tú lo hayas elegido.
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