15. Confié en tí

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Hugo

No lo podía creer. Eva me había besado delante de todos. Me quedé paralizado, sin saber qué hacer. Se acabó el reparto de temas y yo seguía en silencio. A mi lado estaba Eva, sonriente y ajena a mis pensamientos. Mi mente iba a la velocidad de la luz, reflexionando sobre qué pensarían ahora mi familia, mis amigos, mi... Anaju. No puedo negar que era la dueña de mis pensamientos. No me atreví a girarme y mirarla. Sabía que si lo hacía y veía su cara de tristeza, me hundiría por completo.

Ella fue la que me sacó de mis pensamientos. Una vez los profesores se marcharon, se disculpó y se fue corriendo. Vi una lágrima solitaria recorriéndole la mejilla y sin pensar, fui con ella, dejándo atrás a mis compañeros y a mis preocupaciones. Ahora solo importaba Ana Julieta.

La alcancé a las puertas del baño y entré con ella. La abracé fuerte por la espalda y noté cómo mis propias lágrimas caían sin parar. No recordaba la última vez que había llorado así por alguien, pero ella me había roto los planes una vez más.

- Lo siento, pequeña. Lo siento. No sabía que Eva me besaría. - le dije al oído. Me puse delante suyo para secarle las lágrimas. Esto nos estaba haciéndo mucho daño. Pero valía la pena si conseguimos estar juntos.

- Quiero ser yo la que te bese, Hugo. - me respondió. Esas palabras fueron como una vela encendida en una habitación oscura. Fueron esperanza. Ella seguía quieréndo estar conmigo. No estaba todo perdido.

- Lo serás, te lo prometo. Esta noche hablaré con Eva. Sea como sea, esto acaba hoy. - le contesté besándole la mejilla.

- Gracias. Ahora a clase, problemático. - me dijo con una sonrisa tímida.

Esta chica me volvía loco. Y así, de la mano y mucho más tranquilos, volvimos al mundo real.

Anaju

La tarde de ensayos fue eterna. La canción me gustaba pero comparada con las demás... me veía nominada y estábamos sólo a lunes. Por primera vez desde que estaba en la academia no podía concentrarme en las clases. Era imposible sabiendo que Hugo y Eva estaban cantando juntos por alguna aula. Sentía celos. Aun así, hablar con Hugo después del reparto de temas me había tranquilizado. Hoy se acababa todo.

Durante la cena Hugo y yo estuvimos más callados que de costumbre, pero cada vez que nos mirábamos, sonreíamos. Samantha mencionó a Rafa, diciéndo que se notaba mucho su ausencia. Todos lo sentíamos así pero Eva en especial. Al oír el nombre del cordobés rompió a llorar de nuevo. Y ahí estaba Hugo, para consolarla. Todos la intentábamos animar pero ella siempre se echaba a los brazos del rubio. Y eso... dolía. 

Esta noche iba a ser complicada para Hugo pues tenía que hablar con Eva y poner fin a su rara relación. No queríamos hacerle daño pero solo de pensar en poder estar todos los minutos del día en los brazos de Hugo... Valía la pena.

Llegó la noche y todos nos metimos en la habitación. Siempre había mucho ruido al principio, hasta que a la una de la mañana se hizo el silencio. Todos se habían quedado dormidos. Todos menos yo, que no paraba de dar vueltas en mi solitaria cama. Eran las dos de la mañana cuando vi como Hugo y Eva salían del cuarto. Era el momento. Nadie se percató de la salida de la pareja menos yo.  Estaba demasiado nerviosa para poder conciliar el sueño. Cuando pasó otra hora, no aguanté más y fui hacia la cocina para preparme una tila que me tranquilizara.

En ese momento los vi. En la terraza. Hugo y Eva. Hugo y Eva muy pegados. Me quedé paralizada. Ellos se abrazaron, riendo a carcajadas. Esas risas perturbaron en mi mente como si se rieran a mi costa. Sentí un fuerte dolor en el pecho. Y cuando estuve a punto de irme de ahí, vi como sus labios se juntaban.

Hugo me había roto. Había confiado en él y había jugado conmigo. No tenía intención de acabar lo suyo con Eva, yo solo fui una más. Y ahora sí, noté como mi corazón se rompía en pedazos. Me tumbé otra vez en mi cama. No tenía fuerzas ni para llorar. Estaba vacía. Vacía y enamorada. Un amor  que me mataba.

ContigoWhere stories live. Discover now