Lucía POV
--¿Se puede saber que coño haces?-- pregunto la morocha que tenía en frente mío y me protestaba con el ceño fruncido.
--Hago lo que tu hermano dijo, tratar de no armar quilombo, es lo que tendrías que haber hecho vos.--Contesté con la frente en alto, no iba a dejar que me ganara en esto.
--Déjame decirte algo.-- Me agarró del cuello de la remera y me acercó a su cara.--Vuelves a decirme que hacer, y juro que te parto la otra ceja de una ostia de la que no te olvidaras en tu puta vida-- Habló escupiendo sus palabras-- ¿Haz entendido, extranjera idiota?
Trataba de protegerme repitiendo en mi mente que era el alcohol lo que estaba haciendo que Valentina me hablará de ese modo tan amenazante.
Me hacía pensar que me odiaba con cada parte de su ser y yo luchaba por que las gotas saladas no se escaparan de mis ojos.
Agarre su mano y la saque suavemente de mi remera, mi expresión era de pura indiferencia, eso quería que creyera ella.
--No te arrepientas, gallega--Solté con toda la frialdad que pude. Tomé su mano y la retiré con lentitud de mi remera.
Sigo sin entender por que me aferro a alguien que me está dejando claro que no le caigo bien, que no desea conocerme, que no siente ni lástima por mí, y yo sigo ahí, desesperada por su afecto.
Fue la última vez.
Me di media vuelta y subi por las escaleras hasta mi pieza bajo la atenta mirada chocolate de la Española. Entre al cuarto, tome la ropa, la metí sin ver que prendas ponia en la mochila, agarre la correa de Apolo y baje al primer piso con la misma expresión de indiferencia que tenía desde hacer cinco minutos, la mansión estaba en calma y Valentina ya no estaba. Salí al patio, tome al cachorro y le coloque la correa, los ojos bicolor de mi fiel compañero me observaban con tristeza haciendo que mi corazón se estrujase, siempre pensé que los perros sabían exactamente como uno se sentía, pero no lo había comprobado hasta ese momento.
Camine con el a mi lado hasta la calle y pedí un Uber por mi teléfono, llego en diez minutos.
--¿A donde, señorita?-- preguntó la mujer que aparentaba unos treinta en el asiento del piloto.
--Departamentos Aragón, por favor.--Miré al canino, dudando.--¿Hay problema con que él suba también?
La mujer lo observó, para luego darme una sonrisa.--Para nada, es muy mono, súbelo vamos, hace frío fuera.
Forcé una sonrisa, no porque no estuviese agradecida, si no porque no me sentía mentalmente bien ni para sonreír.
Fué un error aceptar la invitación de Bruno a la Mansión.
Los autos, la gente que salía o entraba a los boliches a esa hora, los perros callejeros que comían de la basura, todo eso pasaba por enfrente mío, mi cabeza estaba apoyada en la ventana y tenía a Apolo sobre mi regazo.
Unos minutos después me encontraba subiendo por el ascensor, seguía con la mirada perdida, llegue enfrente del departamento, entre despacio con la correa del perro en mi mano y la llave en la otra, deje al canino en el sofá con comida y agua, me metí a la pieza y cerré la puerta detrás de mi.
Tome asiento en el costado de mi cama y sólo ahi, fuera de la vista de todo ser posible, de mis amigas, de Valentina e incluyendo de mi leal mascota, me permiti abrazarme a mi misma, y dejar que silenciosas gotas bajaran por mi cara, porque mi mente estaba demasiado descontrolada para pensar en algo más, porque mis ojos no soportaban el ardor de las lágrimas y porque necesitaba, más que nunca, un abrazo de mi mamá, unas caricias de mi papá, una sonrisa tranquilizadora de la abuela, unas palabras profundas del abuelo y unos chistes sin sentido de Joaquín, necesitaba estar con ellos y dejar de sentirme rechazada en éste país.
Vale POV
--Mierda, ¡Mierda!, ¡MIERDA!, soy una idiota, una real y auténtica imbécil.-- Me repetía a mi misma apretando los dientes con la mandíbula tensa y las gotas de impotencia que caían de mis mejillas--No puedo hablarle asi, ¿Cómo se me ocurre hablarle asi? Ella sólo quería ayudarme, sólo quería cuidarme y la mande a la mierda destrozandola.
Cerré los ojos fuertemente y mis puños se cerraron sobre las sabanas. Me sentía débil, la resaca sumada al recuerdo de la mirada que me dio Lucía, fue como si no le importase pero yo se que si, se que le destrocé el corazón y siento asco de mi misma por eso.
Y todo porque no quiero aceptar algo tan jodidamente obvio.
Tal vez me atrae, tal vez me atrae Lucía, su forma de tratar a las personas, su manera de hablar que me hace no poder despegar mis ojos de ella cada que la escucho, su personalidad buena y simpática o arrogante y orgullosa.-- Tal vez me atrae tanto, que le tengo miedo a lo que siento.
"Te a costado ¿Eh? Valentina"
Era muy pronto para sentir algo tan fuerte, ni siquiera sabía lo que sentía, sólo sabía que existía y que era ella la que lo provocaba.
Una mujer que conozco hace semanas me provocaba cosas que ningún hombre en toda mi vida pudo hacerme sentir alguna vez.
Por más que fuese conciente de que estabamos en el siglo XXI y que ya se aceptara como normal, una cosa es tener amigos de la comunidad, y otra muy distinta es darte cuenta de que probablemente, tú también perteneces a ella.
Joder, si es que Lucía haría dudar de su sexualidad hasta a la mismísima Virgen María.
Lo mejor sería disculparme con ella y tratarla bien desde ahora, claro, si ella encontraba razón para perdonarme, porque yo no la tenía.
Casi mediodía, anoche luego de hablar con la latina subi las escaleras y me recoste en la cama sin ningún remordimiento, esta era la primera vez que recordaba algo por mi misma luego de beber en exceso la noche anterior, la pelea con la criolla fue lo unico que se tatuo en mi mente, cada palabra hiriente que le dije.
--Valentina, ¿Estas ahí?-- tocaron la puerta, era Bruno.
--Si, pasa.
--Quiero saber dos cosas, la primera es ¿que le paso a la casa?
--La fiesta se salió de control.--Solté bajando la mirada.
--Luego hablaremos de eso, la segunda es ¿Donde esta Lucía?
Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza.
--¿No está en la habitación de invitados?
Mi hermano negó.
Por Dios que estuviese bien.
Comenzamos a buscar a Lucía por toda la casa.
No estaba por ningún lado.
Me alivie al ver que Apolo no se encontraba allí, eso me dejaba una última posibilidad, el departamento.
Subí las escaleras hasta mi recámara, guarde todas las prendas de ropa que se encontraban en el cuarto, tome a Hades y baje al primer piso rogandole al Dios que me escuchase en ese momento poder encontrarle.
Corri al estacionamiento y subi al carro, conduje con la radio encendida y el acelerador al fondo, necesitaba verle, saber que estaba bien, no se que haría si algo le sucediese por mi estúpido afán por tratarla como a una perra todo este tiempo.
Llegue al edificio, aparque el carro y subi por el ascensor mordiendo mis nudillos, entre despacio en el departamento.
Mis ojos se nublaron...
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Esto es lo que me imaginé cuando escribí la parte de la pelea entre Lucía y Valentina.
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Heredera de La Verdad
RomantizmEspaña, finales del 2019, una joven adulta rica, consentida y la futura dueña de la empresa de periodismo más grande de España es obligada a hacer algo que le cambiará la vida, ¿Para bien o para mal? Argentina, finales del 2019, una recién graduada...
