Después de haberlo discutido durante al menos dos horas, decidimos mantener en secreto las palabras de Asteria. George estaría verdaderamente molesto si llegase a enterarse que sobrepasamos los límites del bosque, y que además, estuvimos con una posible bruja del aquelarre.
Nada malo puede suceder si lo mantenemos en secreto. Digo, un secreto no mata a nadie.
Mis ojos arden y me veo en la necesidad de apretarlos constantemente.
No tuve una buena noche. Lejos de pensar en las palabras de Asteria, mi atención estaba centrada en la figura de mis padres en aquel oscuro y frío lugar. Intenté conciliar el sueño de muchas formas, pero me resultó bastante difícil. Me removía constantemente entre las sábanas purpuras que me envolvían en busca de la comodidad, e incluso intenté contar ovejas en mi mente, tal y como solía hacerlo cuando era una pequeña niña.
No funcionó. Nada funcionó.
Desde el interior del automóvil y con Twenty One Pilots sonando de fondo, se logra percibir el sonido que producen las campanas de la iglesia al chocar entre sí anunciando que la misa está por comenzar.
— Solo espero que las paredes no caigan sobre mí en cuanto pise el lugar —la diversión es evidente en mi voz.
George se ríe.
— Ya han resistido bastantes años —gira el volante hacia la izquierda—. Si yo no he hecho que caigan, te aseguro que mucho menos lo harás tú.
Es evidente que nosotros no predicamos las mismas creencias que el resto de los pueblerinos, porque mientras ellos adoran a Dios, nosotros veneramos a la diosa Luna.
Sin embargo, George se ve en la necesidad de cuidar las apariencias entre los habitantes del pueblo para manifestar que es digno de su cargo y ser reelegido como en los últimos cinco años.
Nadie apoyaría a alguien que piensa y cree diferente.
Me resulta curioso como el lugar está plagado de criaturas sobrenaturales, y al mismo tiempo, su gente puede llegar a ser demasiado religiosa.
— Hay que darnos prisa si no queremos vernos como interrupciones —me indica apagando el motor.
Baja del transporte después de acomodar el nudo de su corbata e imito su ejemplo abriendo la puerta del copiloto.
— Presiento que esto será una gran experiencia.
— Ya lo creo —hay diversión en sus palabras—. Tus padres solían decir lo mismo.
Una sonrisa triste aparece en mis labios.
Mis padres solían acompañar a George a la iglesia, pero únicamente en el mes de octubre, cuando llegábamos al pueblo. En lo personal, no me gustan las iglesias, o quizás sean las personas que buscan su refugio, no lo sé; así que yo nunca los acompañaba.
Aun así, me veo en la necesidad de acompañar a George en esta ocasión.
Él hace mucho por cuidar de nosotras, incluso cuando permanece a la distancia la mayor parte del tiempo, y es justo que le devuelva todo de alguna manera. Las mellizas, al igual que yo, nunca antes han entrado a una iglesia y dudo que en algún momento lleguen a hacerlo.
Por otro lado, Emory está ocupada con su joyería, no muy lejos de esta calle. Ni siquiera se permitió terminar el instituto, abandonó en primer año, justo antes de trasladarse a Norwood. Ella quiso convertirse en su propia jefa, y yo sin su compañía, me decidí a estudiar en casa.
El instituto ya no era lo mismo sin su compañía, no me gustaba permanecer sola y me estaba costando demasiado adaptarme.
Nunca he sido fan de los cambios, aun cuando la vida está llena de ellos.
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La luna maldita
Fantasía«Estamos sentenciadas a un destino que no pedimos y que no merecemos, pero que ya estaba decidido desde mucho antes de nuestro nacimiento. No tuvimos derecho a elegir. » Queda prohibido cualquier tipo de copia o adaptación. La obra está registrada e...