Fue en ese mismo instante que los retenidos gritos de guerra se desataron como un huracán. Las contenidas bestias alzaron sus armas rugiendo furiosas y extasiadas. Edón intimidado ante la visión de la apabullante marea de criaturas que amenazaba con desbocarse tragó saliva buscando algo de valor, respiró hondo una última vez. Era el inicio de la batalla, el punto de no retorno, el preludio hacia la muerte.
—¡ARQUEROS! —rugió desde lo alto— ¡PREPARAOS!
Los hombres chocaron sus botas al unísono de manera marcial, volviendo a fijar una flecha en los arcos de inmediato y quedando en posición de espera apuntando hacia el suelo, aun sin tensar. Estaban asustados. A la más breve orden dispararían una lluvia de saetas rogando que fueran lo suficientemente poderosas para mantener al enemigo a raya aunque sea por el breve instante que se demorarían en volver a cargar. Taka sabía que aquello era imposible. Eran demasiados. Calculó dos o tres cargas hasta que el enemigo lograse traspasar las empalizadas para asaltar la muralla. Debían irse preparando para comenzar a cortar manos y gargantas en cuanto los primeros llegaran hasta la cima. Seguramente traerían escaleras, cuerdas y cadenas. Solo era cuestión de tiempo para que ello ocurriera. Edón, en cambio, parecía un poco más optimista.
Entonces el enemigo atacó. El ruidoso cuerno volvió a sonar una vez más con estruendosa intensidad mientras el colmilludo monstruo verdoso montado en la criatura jabalí rugió con todas sus fuerzas apuntando con una pesada espada con pinchos hacia la muralla. El gutural vozarrón que emitió sonó como el trueno. Los ya asustados hombres palidecieron ante la arrolladora visión del enemigo, en menos de un segundo habían iniciado una atronadora y caótica carrera directo hacia las murallas. Se movían sin ton ni son, como si compitiesen imperiosos por ser los primeros en traspasar las empalizadas. Los líderes rugían sus órdenes desde atrás mientras sacudían sonoramente los látigos de manera amenazante. Los misteriosos seres de capucha junto a los dragones fueron los únicos que conservaron tranquilamente su posición a mitad del campo, todos los demás parecían luchar con arduo ímpetu por ponerse a la cabeza.
—¡APUNTEN! —gritó Edón a todo pulmón mientras alzaba su espada.
Los hombres tensaron los arcos tan rápido como pudieron de manera casi coordinada. Estaban nerviosos, aterrados. Taka solo rogó porque sus flechas impactaran algún objetivo, a ese punto cada disparo era esencial, no podían fallar.
—¡FUEGOOOOO...! —rugió Edón.
El silbido de los arcos al liberar su carga resultó placentero por un instante, era el primer aviso de que no se dejarían invadir. Taka alzó la vista esperanzado, viendo entre penumbras como las aglomeradas saetas cortaban el aire de camino al enemigo. En cuanto cayeron a tierra los espantosos alaridos y seres abatidos llenaron el campo de batalla por un momento... pero fue tan solo un momento, porque la cantidad de muertos y heridos fue casi mínima en comparación al enorme número de criaturas que se les venía encima. Los arqueros prepararon la segunda carga de inmediato, sin embargo, el enemigo ya habían ganado el suficiente terreno para ir apagando cada una de las hogueras que se hallaban de camino. Los siguientes disparos iban a tener que hacerlos a oscuras.
—¡DISPAREN! —rugió Edón mientras la segunda lluvia de flechas silbaba de camino al enemigo.
En ese instante, sin embargo, surgió el primer indicio del enorme poder con que contaban sus contrincantes, cuando sorpresivamente la gigantesca criatura encorvada del cuerno corrió hacia la muralla arrasando con todo a su paso. Hasta ese entonces no lo habían notado, pero la criatura en su otra mano cargaba una enorme masa del tamaño de una bestia con la que golpeó violentamente una de las ardientes hogueras que se le cruzó a mitad del campo de batalla. Las estacas salieron disparadas a velocidad inhumana impactando de manera estruendosa por sobre la muralla, varios hombre fueron alcanzados por ellas de manera arrasadora. Edón se quedó boquiabierto, aquellos hombres eran la primera señal de lo que les esperaba a los demás. Si no detenían a aquella bestia terminarían todos muertos antes de tiempo.
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El Alzamiento De Las Sombras
FantasyEreas es el último de una raza pura y perfecta. Criado entre humanos, en el feliz y próspero reino de Drogón, jamás imaginará las terribles circunstancias que se avecinan tras encontrar a un misterioso y moribundo hombre en el bosque. Un hombre con...
