Querido Ereas:
Me he enterado de que mis padres te han permitido comenzar a entrenar con la espada ¡Por fin! Y una todavía castigada acá ¿Por qué no me cuentas esas cosas cuando me escribes, Ereas? Sabes que también son importantes para mí ¡Y me encantaría ver lo que has aprendido en cuanto nos veamos! Es más, prometo ir a tus entrenamientos en cuanto pueda, a ver si logro aprender algo yo también. Te daré ánimos desde una orilla y te llevaré galletas para que repongas tus fuerzas, sí es que logro aprender a hacer galletas. Madre dijo que las últimas estaban duras e insípidas, pero se mostró satisfecha. Bueno, un poco. Ya conoces a mi madre.
Aparte de eso estoy terriblemente preocupada, esta mañana escuché a una de las criadas llorar porque supuestamente su marido había sido seleccionado para pelear en el frente, murmuraban sobre una inminente guerra y posibles conflictos bélicos acá en la capital ¿Será Lobozoth? Nuestros padres siempre han dicho que las relaciones con ellos nunca han estado bien. No lo sé, pero se veían muy asustadas y me preocupa que justo ahora te hayan dejado usar una espada ¡Thal quiera que estén equivocadas! Jamás podría soportarlo si te pasara algo.
Con todo mi amor, Didi.
P.D.: Sé que no debería decir esto, pero contigo fue mi primer beso... Perdóname, pero siento que deberías saberlo.
Ereas se guardó la carta con profunda consternación ¿Qué podía hacer con todo aquello? se lanzó sobre la cama tratando de pensar. Las palabras de Didi lo habían mantenido casi sin dormir gran parte de la noche, y no precisamente por los rumores de una posible guerra, sino por las extrañas sensaciones que parecía despertarle. Sensaciones nuevas, desconocidas, que parecían aguardarle en un extraño, recóndito y misterioso espacio de su mente, esperando a que se armara de valor y se atreviera a dar los pasos suficientes para alcanzarlas. Le asustaba aquella idea, sentirse en el umbral de una puerta a algo desconocido, a ratos aterrador, que no lograba comprender del todo, pero que sabía que en algún punto de su vida debía cruzar. Su mente era un lio de emociones, pensamientos, sentimientos y antagónicas dicotomías que colisionaban entre sí una y otra vez dejándolo tan confuso y desorientado como lo era su vida en esos instantes. Suspiró profundo intentando disipar su mente. Aun debía ir al templo a rezar, a clases con el maestro Peter y a entrenar con Taka. Recién acababa de desayunar y darse su acostumbrado baño matutino. Era temprano y sería un largo día. ¿Noticias de una guerra? Se dijo. Sí, tal vez eso explicaba la repentina cancelación de las celebraciones por su recién nacido hermano y de paso el extraño comportamiento de sus padres, semanas atrás se hubieran negado rotundamente a facilitarle una espada, o por lo menos lo hubiera hecho su madre. Pese a ello, los rumores de posibles enfrentamientos y batallas se habían escuchado desde que tenía memoria de su frágil existencia, concluyendo la mayoría de la veces en simples cuadrillas de ladrones o piratas que habían tenido la osadía de intentar desafiar al poderoso reino de su padre, antes de ser aplastados por éste mismo por amenazar la seguridad de su gente, ¿Sería real aquella vez? ¿Había llegado finalmente el día? ¿O era otra de aquellas falsas alarmas? Habían encontrado a su maestro Taka, del reino de Lobozoth, herido en el bosque después de todo. Tal vez las cosas si tenían algo de sentido aquella vez. Más sus padres no le habían dicho nada, nunca le decían nada. Consideró prudente consultarle a su maestro respecto a ello, si lograba abordarle de la manera correcta de seguro podría sacarle algo de información, él jamás se atrevería a mentirle. Se apresuró a bajar para reunirse con él de inmediato, sería un largo día y no podía permitirse llegar tarde.
Aquella misma mañana el rey Edón se levantó más temprano de lo acostumbrado, junto a su hijo Ougín, el heredero, más algunos de sus consejeros para visitar y supervisar la armería y el trabajo de los herreros y los artesanos de flechas que habían estado trabajando a toda capacidad desde que se había decretado el estado de guerra. Los ejércitos de Maraz, Aguaoscura y algunos otros llegarían durante el transcurso del día y los primeros aldeanos y campesinos ya habían comenzado a ingresar por las puertas de la ciudad buscando cobijo. Pronto estarían llenos a rebosar, por lo que habían habilitado parte del bosque real para darles mayor espacio y a la misma vez mantenerlos alejados de la muralla principal. El comandante en jefe, Zelas Madabarast, le mantuvo informado de los avances e inconvenientes durante todo el día, aun debían terminar de posicionar las balistas sobre la muralla y los ejércitos de Manchester, con su arsenal de guerra, no llegarían sino hasta el anochecer del día siguiente. Algo que mantenía a Edón profundamente preocupado. Sin el apoyo de las casas y ciudades de la costa, Manchester y sus hombres representaban casi un tercio del poder de batalla con el que contarían, sin él sería imposible ganar o incluso resistir.
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El Alzamiento De Las Sombras
FantasyEreas es el último de una raza pura y perfecta. Criado entre humanos, en el feliz y próspero reino de Drogón, jamás imaginará las terribles circunstancias que se avecinan tras encontrar a un misterioso y moribundo hombre en el bosque. Un hombre con...
