Taka llegó apresurado a la alcoba real donde la reina esperaba intranquila junto a sus retoños. Afuera, junto a las puertas, dos aguerridos miembros de la guardia real protegían gallardos el acceso a la habitación. Según Peter, hombres fieles sin la más mínima idea del plan del escape, pero sí dispuestos a seguir cualquier orden que les diera el guerrero... al menos hasta que llegaran a Flemister. Por las prisas Taka hizo caso omiso de la presencia de ellos, ingresando directamente a la habitación. Ahí, sentados sobre la enorme cama, estaba Didi y Ereas tomados de la mano junto al pequeño Momo, los tres hermosamente vestidos y provistos de elegantes capas de viaje que sujetaban con distintivos broches dorados que mostraban la característica silueta del dragón del reino en el centro. En una esquina le sorprendió encontrar también a la niñera que tarareaba suavemente una canción acunando con delicadeza al recién nacido Abel... supuso que iban a necesitar de alguien que se encargara de las necesidades del bebé en todo momento después de todo. La reina, en tanto, que se había mantenido nerviosa paseándose por la habitación, se quedó pasmada en cuanto lo vio. Para ella había escogido ropas algo más sencillas en comparación a la de sus hijos, si se veían en la obligación de escapar hacia Flemister tenía contemplado ocuparse ella misma de varios aspectos de la travesía y vestir sus típicos y sofisticados vestidos reales solo le complicaría las cosas. Le bastó mirar la simple expresión que traía el guerrero para comprender lo que estaba sucediendo.
—Niños —dijo— Tenemos que irnos.
—¿Qué está pasando mamá? —preguntó Didi con seriedad— ¿Quién es este hombre? ¿Por qué hay que irnos? ¿Dónde está el papá?
—¡Papá! ¡Papá! —repitió Momo con su infantil vocecita.
Hasta ese momento la reina era la única que estaba al tanto de cada uno de los detalles de la batalla en curso y la fiera imagen del musculoso guerrero con la armadura bañada en sangre, ahí frente a ellos, comenzó a aterrar seriamente a la confundida muchacha.
—Se reunirá con nosotros más tarde —contestó Erly tomando a Momo para hacerlo andar— Por ahora el caballero Riosanto nos sacara de aquí.
De cierta forma era mejor así, pensaba la reina, llenarles la cabeza a sus pequeños con la visión de monstruos y criaturas de pesadilla sería descorazonarlos. Ya llegaría el momento de tratar el asunto con más calma.
—¡No, mamá! —espetó Didi cruzándose de brazos— ¡No nos moveremos de aquí si no nos dices que es lo que está pasando! —dijo tratando de buscar apoyo en Ereas, pero antes de que el muchacho o alguien más alcanzara a decir algo, la enfurecida voz de Erly llenó toda la habitación.
—¡Ya basta! —gritó sacudiéndola con fuerza— ¡No es momento de tus berrinches Didi! ¡Vas a hacer lo que yo diga y punto!
Ereas y Momo llegaron a saltar del espanto. Didi se quedó helada.
—¿¡Me escuchaste!? —agregó sacudiéndola una vez más.
—S... sí, mamá —contestó la niña temblando aterrada. Parecía a punto de largarse a llorar, pero jamás les daría el gusto de que la vieran así a los demás. Se dignó a bajar la vista con obediencia.
—¡Bien, andando! —ordenó Erly sin dejar su aire de enfado.
Los muchachos, más la criada con el bebé, siguieron a Erly y a Taka en completo silencio. Afuera, los dos guardias que esperaban se sumaron diligentes cuidando la retaguardia. Debían llegar a las catacumbas cuanto antes.
—Falta el maestro Peter —susurró Ereas tras un momento.
Los pasillos estaban vacíos. Desde afuera los gritos de guerra, dolor y muerte inundaban el espacio. No les costó nada comprender que la ciudad ya había sido tomada y que venían por el castillo. Era cuestión de tiempo para que aquello ocurriera. Si los hallaban ahí dentro seguramente morirían asesinados. Si no... ¡Vaya Thal a saber que horribles cosas podían llegar a sucederles!
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El Alzamiento De Las Sombras
FantasyEreas es el último de una raza pura y perfecta. Criado entre humanos, en el feliz y próspero reino de Drogón, jamás imaginará las terribles circunstancias que se avecinan tras encontrar a un misterioso y moribundo hombre en el bosque. Un hombre con...
