-¿Qué te pasa?-preguntó con el cigarrillo en los labios-
-¿Podrías dejar de hacer eso?-se lo quité-me molesta el humo, por Dios.
-me miró enfadado-Oye, de nada... Espero que puedas agradecerme de una buena manera.
-Estamos yendo a tu casa, ¿o no?-voltee los ojos-yo no necesitaba que me sacaras de ahí, lo tenía todo bien planeado.
-No me refiero a que me agradezcas de esa manera-encendió otro cigarro en un semáforo-además, no me has contestado a mi pregunta.
-¿Sería tan malo?-reté-te dije que no hicieras eso, pero lo primero que haces es encender un puto cigarrillo nuevo.
-Oye, es mi auto-recalcó-y no estaría bien porque... ¿De qué edad te ves? ¿Dieciséis?
-Tengo diecisiete, pervertido-refunfuñé-
-Es lo mismo, yo no volveré a entrar a la cárcel por culpa tuya...
Me quedé en silencio por el resto del camino viendo hacia la ventana. No podía entender cómo las cosas que pasaban a lo largo de mi vida seguían sin tomar una buena forma. Sin embargo, me parecía demasiado interesante el hecho de haber visto a Craffer ahí, quizá el tipo trabajaba para ambos bandos sin que ninguno de ellos se entere o había sido mi simple imaginación antes de desaparecer por completo de mi vida.
Llegamos a la residencia de aquél hombre. Bajé del auto y de inmediato quedé anonadada por la enorme construcción que tenía como hogar, aunque especificando mejor, no podía hacerse llamar hogar o refugio, seguramente él se sentía tan malditamente solo y triste en ese lugar que le hacía tener la necesidad de llevarse a jovencitas con él. Me vio sonriendo y con el cigarrillo en una de sus manos, se quitó las gafas dando a observar sus hermosos ojos plomos que me fulminaban de una manera poco discreta y algo perversa, pero tampoco podía hacer gran cosa ya que estaba muy acostumbrada a pagar favores de esta forma. Lo único que me da coraje es saber que hombres como él no admiten lo que quieren hacer al instante, él sabía que yo no era tonta pero no entendía la necesidad por la cuál él mentía diciendo que no quería hacerme ningún tipo de daño y tampoco obligarme a hacer algo que no quería hacer.
Pronto desperté de mis pensamientos ya estando en la sala principal de su enorme casa, estaba sentada en un cómodo sofá color mostaza y tenía una hermosa alfombra blanca cubriendo todo el piso de esa habitación. Se sentía como si fuera a morir si derramara una gota de vino o champagne ahí, todo estaba tan bien ordenado y en su lugar que parecía que el hombre ni siquiera se había tomado la molestia de usar ninguna de sus fabulosas comodidades. Apareció entonces una señora con una vestimenta de las típicas sirvientas negras que trabajaron en los años 60's, pero la diferencia es que ésta dama tenía edad avanzada, una tez demasiado blanca como si fuera estuco y llevaba en su charola de plomo dos vasos con un líquido color rojo cereza. Puso ambos cristales en la mesa sonriendo y después se incorporó para observarme.
-El joven amo está a punto de bajar, señorita-hizo un ademán y se fue-
-¿El joven amo?-repetí sin saber la referencia que se disponía a traer-
¿Será que Chris vive aquí? Me levanté en un segundo analizando toda la habitación, con cada detalle, tanto la decoración como los muebles tratando de buscar algo sin sentido alguno y tampoco saber si lo encontraría. Me acerqué a los marcos de fotos que tenían guardados en una repisa de madera prensada, logré ver algunas imágenes de un niño con el cabello marrón sonriendo en cada una de ellas, en otras fotos antiguas de familiares con uniformes de la guerra y en otras fotografías las de una mujer joven y rubia quien me daba una sensación de nostalgia y horror.
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El Maniaco Obsesivo
JugendliteraturDime, ¿qué sentirías si un psicópata se enamorara de ti?