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Te encontrabas corriendo con el corazón casi saliendose de tu cuerpo, tus pies pedian un descanso. En cambio, tu mente te decía que no pararas o él te mataría.
Resbalaste y te torciste el tobillo. Ya no podias levantarte más. Los crujidos de las ramas te alertaron que el demonio estaba cerca. Te arrastraste como pudiste pero antes de esconderte en un árbol hueco de allí, el demonio te atrapo y arrastro.
-Vamos, dejame jugar un ooco contigo antes de matarte. No estaa para nada mal, preciosa.
El demonio rasgó un poco tu vestimenta, te tapaste lo poco descubierto de tu pecho. No querias morir así.
Por favor, Kami-sama. Dejame vivir un poco más.
Estabas temblando tanto que no te diste cuenta que alguien derrotó al demonio, no fue hasta que, varias gotas de sangre te llegaron a la cara y cubrieron de rojo tus ropajes.
Alzaste la mirada y encontraste a un joven, tal vez unos años mayor o de tu misma edad, cabello largo y atado a una coleta baja y una mirada como el mismo mar.
Te hipnotizaste y cuando ya se iba lo alcanzaste con mucha dificultad, así que optaste por gritar.
-¡Disculpe!.
Él mayor paró su caminar y se volteó nuevamente a ti, viendo que tus ropas estaban desgarradas y si no los sostenias ibas a dejar mucho a la imaginación para los hombres. Se quitó su haori y te cubrió con él.
-Muchas gracias por todo. ¿Habrá una forma para agradecerle que me haya salvado?.
Tomioka pensó un rato;el pueblo destruido por completo, dejarte seria darle de comer a lo lobos y salvarte hubiera sido una perdida de tiempo.
-Ven conmigo, necesito a una tsugoku.
-Oh, es un pilar. Me sentiría honrada de ser una tsugoku de alguien como usted...mmmmm.
-Tomioka Giyuu,pilar del agua.
-Muchas gracias, Tomioka-sama. De verdad le es py muy agradecida. No le defraudaré.
Y así es como inicio una historia de amor.
. . .
Te encontrabas de misión, no estaba lejos de la corporación, así que no te preocupaba mucho.
Habían recibido mensajes del pequeño pueblo sobre un demonio que mataba a las chicas jóvenes y más bellas de allí, si esto seguía así, no habría más mujeres en aquel pueblo.
Al llegar, era de noche y pediste a todos que fueran a sus casa y por ningún motivo aalieran de estas, que reguardaran y protegieran a todas las mujeres del pueblo.