15 de Mayo de 1997.

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Decidí salir a caminar un rato.

Hoy es el día de la familia,
y cada año Gloria llora por su condición.

Este año no estoy de ánimos,
el dolor ajeno es agotador.
Así que voy al bar,
y bebo,
porque desde que me casé con ella no lo necesité,
pero hoy siento que me ahogaré si no lo hago.

Cuando regreso a casa,
hay botellas en el piso,
la alfombra está sucia,
y no sé si soy yo quien huele a licor o es la casa.

Me tambaleo,
despacio,
porque tengo frío.
Es como si mi cuerpo ya lo supiera,
como si yo ya lo supiera.

Subo las escaleras con demasiada precaución
y me pegó a la pared buscando apoyo,
pero es poco lo que un trozo de cemento puede hacer para aliviar el alma.

Cuando entro a mi habitación sé que llegó el fin.
Y ver a Gloria colgar de la soga que compré no hace más que recordármelo.

Sus labios,
alguna vez rojos,
están morados y partidos.
Sus brazos,
que me abrazaron cuando caía,
están blancos a ambos lados de su cuerpo.
Y su cuello,
que tantos besos míos había recibido,
está tan púrpura que ya no parece un cuello;
ella ya no parece ella.

Mi esposa está muerta.
Mi alma gemela se ha suicidado.

Súbita Vorágine.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora