Soy un imbécil.
En serio, lo soy.
Pienso en otras mujeres,
pero el leve pensamiento de Gloria con otro hombre me hace querer matarlos.
A ambos.
Soy repugnante.
Me pregunto cómo un asesino en serie,
puede ocultarse en el rostro de un pobre desolado.
No lo sé,
hasta que me miro al espejo,
y veo el atisbo de una sonrisa,
y descubro que el psicólogo tenía razón.
Las cosas sucias y rotas me apasionan.
