8.- Correspondido.

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Décimo día.





El décimo día de su conquista llegó en un abrir y cerrar de ojos.

Había llegado demasiado temprano para ser él, pero la emoción de haber besado a la persona que más le gustaba le había robado el sueño que casi no había podido pegar un ojo durante toda la noche.

Y esa felicidad estaba viéndose arruinada al ver a su maestro más serio que de costumbre. Su capitán que siempre solía recibirlo con algún chiste o comentario agradable, ahora estaba igualmente serio, analizándolo en silencio.

Había sido citado por ambos un día después de que intentó quemarlos con su bola de fuego. ¡Pero no era su culpa! Ellos habían estado golpeándose el uno al otro y Obito se había negado a ver como dos personas que quería y admiraba mucho terminaban heridos por un simple choque de opiniones, por lo que fue rápido en hacer los sellos con sus manos para realizar un jutsu tan común en su clan y, aunque apuntó en otra dirección, terminó casi quemado a ambos adultos. Tobirama los había empujado a ambos hacia el suelo, pero eso no evitó que las puntas del cabello de Madara terminaran chamuscadas.

Nunca en su vida se había sentido tan culpable como cuando Madara le dio una mirada desde el suelo, viéndose tan pequeñito y vulnerable a comparación de otros días, que hizo su corazón apretujarse, pero después le gritó que estaba idiota y ese sentimiento se fue tan rápido como llegó.

Ahora, esperaba su sentencia de muerte mientras yacía sentado en la silla del escritorio frente a su capitán, con Madara mirándolo con el ceño fruncido de pie desde la ventana.

No sabía si debía hablar primero o esperar a que ellos lo hicieran, pero aún tenía una misión y sabía que la princesa iría a las aguas termales esa misma noche, por lo que ya conociendo su rutina, la princesa despertaría en unos minutos, cuando el sol terminara de salir.

Y ellos lo tenían ahí, en un silencio sepulcral que lo ponían nervioso.

Su maestro se movió de la ventana, caminando en dirección a su capitán y posicionándose tras de él, recargando una mano sobre el respaldo de la silla. — Me quemaste.

Obito se removió incómodo, conocía a su maestro, sabía que en cualquier momento era capaz de comenzar a gritar o de hacer uno de sus ya conocidos dramas, pero no quería desanimarse ¡Él ya había dado su primer beso! Ese debería ser el tema de conversación, no el hecho de que el cabello de Madara estaba quemado.

Ahora que lo pensaba ¿Kakashi ya habría despertado? Estaba seguro que si. Seguramente ya debería estar desayunando a estas alturas. Esperaba poder verlo hoy también.


— A hablar de obviedades en otra ocasión, Madara. Dijiste que querías tener una charla seria con el muchacho. — su capitán dijo.

Antes de que su maestro pudiera replicar, habló:— Pido una disculpa si ayer tome una medida muy drástica para callarlos a ambos.

— ¿Callarnos? — preguntó el albino, señalándose con el dedo índice. Obito asintió.

— Ustedes no deberían estarse peleando a cada momento, capitán. —afirmó, cruzándose de brazos ante la mirada incrédula del hombre de cabellos como una nube. — No se fijan en sus consecuencias, lastiman a mi frágil corazón.

14 Días. 🌿 ObiKaka. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora