Capitulo 17

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Graznidos de pájaros se escuchaban por doquier aclamando que ya era de mañana en la ciudad de Los Ángeles. Y la primera en despertar en esa cama de color blanca, fue nada más ni nada menos que la joven Star. Miro somnolienta la habitación, estirando sus brazos y bostezando un poco como cualquier ser humano.

Al terminar su sesión de "relajación" por así decirlo, noto que su cintura era perfectamente agarrada por alguien, como si fuera un peluche. Dirigió su visto al chico castaño que la estaba abrazando cariñosamente. Se moría de ternura pues tenia una sonrisa plasmada en su rostro que indicaba que le encantaba la compañía de la chica.

Pero de pronto, Star dejo de sonreír. Un rostro de preocupación y miedo invadió su ser.

Esto... Esta mal... No deberíamos seguir así...

Su mente estaba en su contra, pues si bien solo le decía cosas que la colmaban de temor. Pero realmente amaba al chico como para dejarlo ir.

Con mucho cuidado, se separó del agarre del chico que fue realmente difícil debido a que este parecía no querer desprenderse de la chica.

Se dirigió a la cocina a prepararse una buena taza de café, pues en verdad tenia una falta de sueño inmensa. Acomodo su cabello dejándolo más arreglado, ella era algo perfeccionista por así decirlo. En unos minutos, el café estuvo listo. Se fue hasta la sala de estar, sentándose en el sofá cómodamente mientras dejaba que ese café se le enfriara un poco, a ella no le gustaba para nada las cosas calientes.

Hundió su cabeza en la almohada del sofá tocando su estómago mientras miraba al techo. Un perfeccionado techo hecho con madera e ilustrado perfectamente. No era difícil vivir en un departamento. Mordió su labio inferior con miedo, no dejaba de pensar en lo que había pasado hace a penas pocas horas. Esa fue una noche intensa para ambos jóvenes, las palabras fueron las únicas que tomaron el rumbo del ambiente esa noche. En este caso, palabras dolorosas de recuerdos dolorosos.

En parte sus pensamientos estaban en su compañero, pero de repente le llego a la cabeza Elliot, su ahora novio. En verdad le dolía por unos momentos que estuviera engañando a su novio, la verdad ni siquiera tenia auto control de si misma ahora. El chico solo despertaba sus más oscuros pensamientos que la dominaban en un santiamén. Era una locura, una completa locura. No quería dejar a ninguno de los dos chicos, ambos eran tan dulces y caballeros con ella. Había alguna solución? La única pregunta que tenia en su mente ahora. Si había alguna solución, cual seria?

Estaba tan sumisa en sus pensamientos que ni siquiera se había dado cuenta que cierto chico castaño se había despertado. Al escuchar pasos que se dirigían a ella reacciono inmediatamente.

–Ah, Marco! Bu-Buenos Días–. Saludo un poco exaltada mientras acomodaba su cabello, ni siquiera había entendido porque le había hablado con un tono nervioso.

–Buenos Días Star. No te había encontrado en el cuarto así que vine aquí–. Hablo con una ligera sonrisa, le gustaba verla nerviosa.

–Qué? A-Acaso yo te desperté?–. Cuestiono entre un titubeo poniéndose algo roja al sentir pena por aquello.

–Digamos que si, solo sentí que te habias movido y pues solamente me desperté–. Se encogió de hombros acomodando su cabellera castaño algo desordenada.

–Oh pues lo siento. Pensé que no ibas a sentir nada...–.

–Descuida, es mi culpa porque es como si siempre tuviera un instinto de que algo sucede alrededor mio mientras duermo–.

–Si, recuerdo que hacías lo mismo en la Universidad cada vez que te quería hacer una broma. Es como si tuvieras un sexto sentido–. Menciono con un poco de humor, ambos solo rieron ligeramente al recordar aquellos tiempos.

Después se formó un gran silencio en la sala de estar, no era un silencio incómodo, más bien uno agradable pues ambos se sentían en la confianza de hablar sobre cualquier cosa. Y esto fue un provecho para la joven.

–Oye Marco... Yo... Quiero hablarte sobre lo que esta sucediendo últimamente...–. Contesto entre pausas pues le parecía un tema bastante vergonzoso aunque era serio.

–Y qué sucede?–. Cuestiono mirándola con atención.

–Bueno... Pues... Yo estoy... Yo estoy... Ahg! Es tan difícil decir esto!–. Se quejo cubriendo de rostro entre sus manos teniendo un ataque de vergüenza.

–Star, tranquila. Puedes contarme lo que quieras, no hay necesidad de que estés avergonzada. Puedes confiar en mi–. Dijo el mayor con tranquilidad acariciando el hombro de su compañera. Star lo miro suspirando pesadamente para tomar valor y volver a proseguir en su explicación.

–Pues... Verás... Yo estoy realmente confundida ahora. Me siento mal al engañar a Elliot contigo porque sabes que a mi no me gusta romper corazones... Puedo detener esto, tengo el poder aquí... Pero el problema es que... Estoy enamorada de ti y de él... Me siento realmente genial cuando estoy contigo Marco por lo que no quiero que eso acabe... Intento buscar una solución sobre esto, pero en verdad no se que hacer...–. Hablaba pesadamente llevando un mechón de su cabello detrás de su oreja.

Apenas se formó un pequeño silencio, ambos estaban acostados en ese sofá sin decir absolutamente nada. Solo sus respiraciones se escuchaban en el aire, tranquilas y sin apuros. Esperando alguna respuesta a su pregunta, alguna solución por su situación. Esperaban y esperaban...

Hasta que de repente, el milagro llegó...

–Creo que tengo una solución...–. Menciono de repente el castaño haciendo que la chica mirará a este sorprendida.

–Tienes una solución?! Si es así, necesito escucharla ahora–. Rogó la joven formando un pequeño puchero.

–No creo que te guste...–.

–Solo dímelo, Díaz–. Regaño dirigiéndose con una mala mirada.

El chico cabeceaba para mirar a su alrededor fijándose si no había nadie, como si fuera que solo le contará un secreto a su compañera. Con atrevimiento se acerco a la joven hasta estar a la altura de su oído, como si fuera una prohibición decir esa palabra en voz alta.

La taza dejo de humear, los graznidos de pájaros ya no se escucharon, solo se podía escuchar absoluto silencio.

Star mostró una atrevida sonrisa, antes de besar al chico sorpresivamente dejando que ambos pudieran sentirse unidos en cuerpo y alma. Solo eran ellos haciendo un pecado, mordiendo la manzana prohibida que no se debía comer.

"Amantes", eh?




My Most Precious SecretDonde viven las historias. Descúbrelo ahora