Haewon creía haber conocido al chico perfecto. Inteligente, simpático, bueno en los deportes y que todo lo hacía bien. No había nada que no supiera hacer. Y, para rematar, guapísimo y con un cuerpo esculpido por los mismísimos dioses.
Un chico de o...
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Abrí la puerta de mi casa y entré sin llamar la atención. Si mis padres me veían lo primero que harían sería preguntarme cómo me había ido. No tenía ganas de hablar del colegio, no tenía ganas de hablar, de hecho. Estaba cansado y no tenía muy buen humor que digamos.
Al parecer mis padres no estaban en casa. Subí a mi cuarto y me encerré. Lancé mi mochila al suelo, me tiré en la cama y me cubrí los ojos con el antebrazo. Suspiré. No quería estar aquí. No quería estar en Seúl, al menos no aun. Por supuesto que tenía que mudarme aquí para ir a la universidad, pero quería terminar el instituto en Busan, con mis amigos, y empezar la universidad todos juntos. Si no fuera por ese estúpido negocio de mi padre, ahora mismo estaría caminando por la playa con ellos. Solíamos hacerlo después de salir del colegio para despejar.
Decidí llamar a Yongseok, mi mejor amigo. Tenía ganas de hablar con él. Solo él podía mejorar mi estado de humor, así que le hice una videollamda.
– Peromiraquiénes. ¿CómolevaanuestromaknaeensuprimerdíaenSeúl? – me dijo desde la pantalla.
Sonreí. Por primera vez en el día.
– No me llames así, lo odio. ¿Dónde estás? – le pregunté husmeando por la pantalla detrás de él.
Me reí, como no me reía desde que salí de Busan. Este idiota no cambiaba. Aun sin yo estar a su lado.
– Grábate mis palabras en tu memoria porque nunca volverás a escucharme decir algo así. Y menos mal que no lo grabaste. Tengo una reputación que mantener.
– Yeseeselimbécilqueyoconozco– dijo y rió – Ahorasaliendodeltemadelanostalgia. Cuéntamecómotefueentunuevoinstituto. ¿Hay chicaslindas?