¿A dónde?

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La luz entró por la ventana, las cortinas resultaban inútiles; dejaban pasar una gran cantidad de luz, misma que sólo me recordaban que debía dormir. Desconecté el reloj… no quería escuchar alarmas y encima, tomarme las molestias de apagarlas para luego suspirar con alivio.

No podía dejar de pensar en Evie… quizá ella ya se sentía muy mal antes de saber la verdad, y su límite fue haberle querido ocultar la verdad.

Y Zack… no sé si sea prudente intentar justificarlo… quizá incluso intentar justificar a Evie fue como ser un fan negación… como el tipo que afirma que Zack Snyder hace bien su trabajo, o incluso el que afirma de que Batman v Superman fue una buena película. O simplemente aquél que niegue todos los fallos que tenga su obra, cuando sean evidentes.

Supongo que todos hemos sido fans en negación.

Miré el reloj del celular, eran las 7:37, luego desenfoqué la mirada y me di cuenta del reloj nuevo. Estaba apagado.

Cierto… lo desconecté. Por un momento lo olvidé.

Desbloqueé mi celular, tenía muchos mensajes sin leer.

La mayoría eran de mamá, preguntando dónde mierda estaba. Varios de Zack, haciendo lo mismo que mamá… unos de Clara, preguntándome cómo estaba y si seguía vivo. Otros de grupos donde si no pasan porno, pasan porno de monas chinas; luego el grupo escolar, dónde básicamente preguntaban la tarea y si el pelón de Geometría se había acostado con la de recursos sociales. Mierdas de las de siempre. Chisme, chistes que solo hablan de sexo y… ¿mensajes de Evie?

No los quise abrir.

Era muy tarde para dormir. Y muy temprano para levantarme. Entonces escuché a papá salir, él siempre va a misa los domingos a las ocho. Supongo que a él lo llena. No lo juzgo. Justo estaba saliendo. Mamá solía acompañarlo, aunque tengo entendido que ella no es religiosa. Quién sabe. En cambio Zack y yo nos quedamos acostados. Zack hasta las nueve o diez y yo hasta las tres de la tarde.

En cuánto escuché que se fueron, me levanté. No iba a quedarme acostado como un imbécil más tiempo.

Pensé en prender todo; la tele, la licuadora, el microondas, las bocinas, la estufa… pero me dio pereza. Sólo me senté en el sillón, con el torso dónde deberían ir las nalgas, y el cuello en una posición peligrosamente cómoda, esa dónde la barbilla toca tus clavículas.

Miraba mi reflejo opaco en la pantalla apagada de la tele. Era feo.

Entonces se escucharon pasos ligeros por de trás de mi.

- ¿Saito? ¿Qué haces aquí?

- Aquí vivo…

Se escuchó el refrigerador abrirse, luego sacudidas de cosas aleatorias, para luego cerrarse.

Zack se sentó a mi lado y me ofreció un refresco en lata. Él tenía una cerveza.

La tomé sin más.

- Creo que se vería mejor si la encendemos. - Sugirió.

- La última vez que quemamos una tele no nos fue bien.

Él tomó el control y la encendió.

- ¿Cómo estás?

- Meh ~

Ninguno volvió a contestar.

- ¿Te sientes mejor?

- ¿Desde cuándo te importa?

Él abrió su lata.

Me acomodé a una posición más normal.

- Sigues siendo mi hermano.

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