"Jamás"

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Odio los domingos. El lado amable es que pude dormir. Ayer fue un día desperdiciado. Arreglé el Artorias y lo puse de vuelta a su lugar. Pero últimamente no siento que los días sean relevantes... demonios.

Me levanté temprano. Me vestí y fui a la cocina. No había ningún cereal. No de alguno que me gustara. Tomé uno al azar y me serví. Tenía pasas. Soy conciente que no me gustan las pasas. Le daré una oportunidad.

Entonces clavé la cuchara y fui al refrigerador, saqué la leche y le puse al cereal. Tengo la tendencia de ponerle más leche que cereal, no tengo claro por qué.

Me puse a desayunar. No solía desayunar tan temprano, solía comerme un pan de chocolate por las mañanas, llegando al salón. Mismo que siempre compraba en las mañanas antes de llegar.

- Te levantaste temprano. - Era Fina (creo que no me expliqué, siento que un apodo pequeño para "Josefina" es "Fina". No le quiero volver a decir "mamá".

No contesté y seguí comiendo, tenía unos headset Bluetooth que sólo souelo usar en casa. Pero ya me daba igual, así que los llevaría para el camino.

- Zack me habló de lo que pasó. De qué realmente él te golpeó.

Seguí masticando. Y prendí los audífonos.

- También me dijo que no te haz sentido bien éstos días.

Casi terminaba el cereal.

- ¿Quieres hablarlo?

Me levanté con el plato en mano y finalicé el cereal. Puse el plato en el resto de los platos sucios, eran al menos tres. Con el que había puesto. Por cierto, no me pude comer las pasas, creo que mi cuerpo las rechazó por reflejo o algo por el estilo.

- Es tarde. Mejor luego. - Contesté su pregunta.

Tomé mis llaves y salí de la casa, en dirección a la escuela.

Miré mi celular, y abrí el chat de Evie... no le había respondido. Ella tampoco puesto nada después. No le di importancia. Me puse el headset y puse mi playlist.

Llegué a la escuela, no compré el chocolate.

No miré a nadie a la cara. Metí las manos a los bolsillos y miraba mis pasos. En ocasiones miraba hacia adelante. Seguía escuchando música. No quería oír el alrededor. No quería verlo.

Llegué al salón. Me senté en el lugar de siempre. Me recosté. Me perdí fuera de mis pensamientos. No podía concentrarme, simplemente me quedaba en blanco, y para cuando me daba cuenta había más gente. Supongo que pasaban los minutos mucho más rápido a lo que tienden a hacerlo (relativamente hablando).

Entonces llegó Evie, acompañada de Eduardo. Ella se veía normal, aunque se le notaban más las ojeras. En cambio Eduardo al pasar, me sonrió de una forma dominante. Evie ni yo cruzamos miradas.

¿De dónde carajo salió Eduardo?

¿Qué hace con Evie?

Pinche imbécil... ¿qué puta necesidad de sonreír al pasar?

Espera, ¿estás celoso de un imbécil que apenas conoces?

Cállate, idiota.

Eres patético.

Los miré indiscretamente. Él sonreía con descaro, sabía lo que pasaba, quizá hasta más que yo. Fuera de dañar mi ego o mi orgullo, me preocupaba más de lo que debería. Quizá no tenía la fuerza para ir a hacer el ridículo como el mono primitivo que soy. Quizá ya ni siquiera valía la pena. ¿Pelear por una mujer? ¿por qué no dejar que decida y afrontar el resultado?

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