Ninguna despedida

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El lunes, Kara esperó impaciente a Lena en el balcón. No tenían un plan para el día de hoy, pero después de que estuvieran juntas, lo demás no importaba. Kara notó que el coche no estaba aparcado frente a la casa, aunque casi nunca lo estaba, porque el señor Luthor casi nunca se encontraba en casa. Pero había otro auto en su lugar, tal vez habían comprado otro y no se había dado cuenta. De la casa salieron dos señoras mayores. Kara se acercó a saludar, podían ser familiares de Lena.

—Hola, soy Kara.

—Hola, pequeña— habló una de ellas.

—¿Ustedes son las abuelas de Lena?

—Eh, lo siento linda. No conocemos a ninguna Lena.

—¡Kara!— gritó Alura del otro lado de la calle.

—Disculpen, lamentamos haberlas interrumpido. Vamos, Kara.

—Mamá. ¿Quiénes son?— preguntó después de que cruzaron la calle.

—Son nuestras vecinas, amor.

—¿Por qué esas señoras están en la casa de Lena? Es la casa de Lena no de ellas.

—Kara, cariño. Los Luthor tuvieron que irse, hubo un problema y debieron volver a Ciudad Nacional. Se fueron en la madrugada, no tuvieron tiempo de despedirse.

—Pero, ¿volverán, no? Arreglarán el problema y volverán rápido. A ellos les gusta estar aquí, y yo esperaré a Lena. Las señoras vinieron a cuidar la casa mientras que ellos no están, cierto.

—Kara... ellas vinieron a comprar la casa, ahora ellas serán nuestras nuevas vecinas.

—No. Ellos volverán, ya lo verás— sin dudar de lo que acababa de decir entró a la casa.

Durante los siguientes días, Kara se sentaba en la escalera de la entrada a esperar a que Lena volviera. No falló ningún día, siempre estuvo ahí, viendo cada auto que pasaba con la esperanza de que fueron los Luthor. Alura ya no encontraba la forma de hacerle entender que los Luthor tal vez no volverían. Kara se reusaba a creerle y afirmaba todo lo contrario. Hasta que un día una camioneta parecida a la de los Luthor aparcó frente a la casa, Kara dejó sus dibujos de lado y se levantó para confirmar que fueron ellos. De pronto, una sonrisa apareció en su rostro, pero en cuanto vio a la pareja bajarse su sonrisa se apagó. No eran ellos. Ninguno de ellos. Una lágrima bajó por su mejilla por la desilusión. Entró y subió a su habitación, cerró la puerta de golpe y se tiró en su cama a llorar, a desahogarse en su almohada.

El ruido de la puerta asustó a Alura que cortaba patatas en la cocina. Subió enseguida para ver que sucedía. Llamó a la puerta pero no escuchó nada. Para cuando entró, vio a Kara cubierta de pies a cabeza por su sábana de Supergirl. Se sentó a su lado y comenzó a llamarla para que saliera de su escondite, pero no logró nada. Cogió el borde de la sábana y lo deslizó hacia abajo para ver a Kara debajo de su almohada.

—Kara, cariño, ¿qué sucede?

—No va a volver— apenas se escuchó lo que dijo por causa de los sollozos.

—Mi amor...

—Ella no vendrá, mamá, se fue para siempre y no la volveré a ver.

—Debes saber que las personas van y vienen, no siempre se quedarán contigo.

—¿Por qué no se fueron solo sus padres? Ella... ella podía quedarse con nosotras, así... podría jugar con ella— levantó de a poco la almohada para mostrar su rostro completamente rojo.

—Oh cariño, sé que la quieres mucho. Pero sus padres no podían dejarla con nosotras, ellos también la quieren mucho y no podían dejarla sola.

—No iba a estar sola, iba a estar con nosotras. Yo nunca la dejaría sola.

—Lo sé, pero son sus padres y ella no puede decidir qué y que no hacer, porque ellos son los adultos y deben decidir por ella. Lo eligieron así, por su bien. Además no sabemos con certeza lo que sucedió...

—¿Y si ellos no eligieron bien? ¿Y si no la vuelvo a ver?

—Bueno, debes pensar en que en algún momento volverán a verse. Este mundo es muy pequeño, pueden encontrarse de la nada y podrán volver a jugar juntas otra vez.

—¿Lo prometes?— preguntó Kara asomándose otra vez por debajo de la almohada.

Alura no quería mentirle a su hija, pero las palabras salieron sin pensar. No sabía a ciencia cierta si volverían. Desde la primera vez que los vio llegar, se dio cuenta de que ellos no se quedarían mucho. Lionel siempre salía por la madrugada, no sabía a donde exactamente, pero no volvía hasta muy tarde y Lillian a veces también se iba de la casa y Lena se quedaba con ellas, mientras que ella resolvía varios asuntos. 

Nunca supo que sucedía con esa familia, tampoco llegó a preguntar porque se vería como una persona chismosa. Y ahora quería pensar que esas dos volverían a encontrarse, pero no lo sabía y aun así se lo prometió. Kara salió de su escondite y abrazó a su madre, confiando en que eso en realidad pasaría, que volvería a reunirse con Lena. En que volvería a ver sus hermosos ojos verdes, su sedoso cabello oscuro y su brillante sonrisa.

☼ 𝐋𝐔𝐍𝐄𝐒 ☼ | 𝑆𝑢𝑝𝑒𝑟𝑐𝑜𝑟𝑝 𝐴𝑈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora