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-¿Por qué tenías que ir tan deprisa? ¿Es que no me has oído pedirte que fueses despacio?

Para cuando llegaron al castillo, ____ estaba sin respiración. Tenía la impresión de haber estado dando vueltas dentro de un torbellino, y hasta le temblaban las piernas.

-¡Ha sido la peor experiencia de mi vida! -le dijo a Harry cuando él la bajó del caballo.

-No te creo -sonrió él-. Vamos, dime la verdad. Sé que te ha gustado.

-¡Tú sí que has disfrutado, sádico!

Deliberadamente, ____ mantuvo su expresión seria... pero la verdad era que había encontrado la experiencia excitante. Subida en ese enorme animal, con el viento revolviéndole el pelo y con el brazo de Harry asegurándola por la cintura, apenas había sentido miedo y sí una tremenda sensación de libertad. Casi había lamentado el momento de bajarse en el jardín empedrado de la parte trasera del castillo.

Pero preferiría morirse antes que admitir todo eso delante de él.

-Podrías haberme matado -añadió-. Te he dicho que era la primera vez que me subía a un caballo.

Él había quitado los pies de los estribos y la miraba sonriendo, con una expresión absolutamente despreocupada.

-No has corrido ningún peligro. Te lo había prometido, y así ha sido. Además, sabía que rápidamente pillarías el ritmo. Todo el mundo sabe que los Hardcastle sois buenos jinetes por naturaleza.

-¿Ah, sí? ¿Lo son? Quiero decir, ¿lo somos?

____ estuvo a punto de caer en su propia trampa. Se le había olvidado que ella era supuestamente una Hardcastle también. Menos mal que como ya tenía las mejillas arreboladas del paseo, Harry no pudo notar cómo volvía a enrojecer.

-Pues yo soy la excepción -le dijo-. Cuando hay que viajar, esta Hardcastle prefiere las cosas con cuatro ruedas a las que tienen cuatro patas.

-No te preocupes, que enseguida le sacarás el gusto. Cuando se lleva en la sangre, se lleva en la sangre.

Y con un movimiento ágil y elegante, bajó del caballo.

Era la primera vez que ____ lo veía sin estar subido a su animal, y sintió una especie de sacudida cuando lo vio delante de ella, con toda aquella vibrante masculinidad, aún más alto de lo que se había imaginado. Ella no era bajita, y él parecía ser enorme. Debía sacarle al menos media cabeza a Elliott, y era muchísimo más musculoso.

Aquella comparación tan inapropiada le provocó una punzada de culpabilidad. ¡Por mucho más alto que fuese, Elliott valía una docena de Harrys!

Un instante después recordó lo que él le había dicho un instante antes de que empezasen a galopar.

-Antes me has dicho que te llamas Styles...

Él asintió.

-Así es. Harry Styles.

____ lo miró con curiosidad.

-Qué coincidencia. ¿No se llamaba también Styles la familia dueña de este castillo?

-Eso es. Sabes muchas cosas para ser una turista casual.

-Pues lo soy.

Se le había escapado. Quizás no hubiera debido hacer un comentario tan revelador, pero es que sentía una enorme necesidad y la única razón por la que estaba siendo tan cautelosa con él era precisamente porque él parecía sospechar. ¿De verdad habría pensado que estaba tramando algo subida en ese árbol?

Aunque, si era así, ése sería su problema. En cuanto tuviese oportunidad, hablaría con su jefe y mientras tanto, seguiría sin decirle nada.

-La misma persona que me habló del castillo, me habló de los Styles - contestó son una sonrisa-. Tengo entendido que el castillo perteneció a esa familia durante siglos, pero que después, hace unos veinte años, se marcharon todos a vivir fuera y que otra persona se hizo cargo de toda la propiedad.

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