Patrick pasó el resto de la tarde caminando por la ciudad. Pasó por su vieja universidad; pasó de largo su vieja casa, que aún les pertenecía; caminó frente al arcade. Allí fue donde se detuvo, ¿qué era tan nostálgico de ese lugar que lo obligaba a detenerse y admirarlo? No era el ruido de los videojuegos, no era la música a todo volúmen, no eran los gritos de los chicos ni el haber pasado una tarde comiendo patatas con su amigo. Era el recuerdo de una persona a la que vio por primera vez en ese lugar y que ignoró entonces.
Patrick sentía que el tiempo no había avanzado en ese lugar. No sentía el peso de los ultimos cinco años, parecía que nunca se había ido. En su mente estaba cada memoria de su juventud; desde que se inauguró ese lugar, hasta ser internado en el hospital por sobredosis. ¿Qué pasó en el medio? ¿Qué pasó después? ¿Cuándo se convirtió en adulto y olvidó todo por lo que sufrió estando allí? Todo por lo que luchó o creyó hacerlo quedó estancado en esa ciudad. No le dio un cierre a esa etapa de su vida, solo huyó, y ahora que estaba de vuelta lo ahogaba el sentimiento de estar atado a su pasado.
Descansando contra la pared del arcade había a un hombre, cruzaron miradas y el extraño se le acercó con una sonrisa confiada.
-Disculpa, ¿tienes fuego?
Patrick sacó su encendedor y prestó llama. No dejó que el desconocido tocara su preciada posesión. El hombre llevaba un extraño look, con cabello plateado y saco sobre una remera vieja. Casual y formal a la vez. Él mismo en cambio tenía una camisa bajo su gran abrigo, nunca perdía elegancia.
El hombre caló su cigarrillo y miró a Patrick de arriba a abajo
-¿Eres nuevo por aquí?
Ultimamente se sentía así.
-Si
El hombre extendió su mano y lo miró fijo a los ojos de una forma intensa. Generaba un aura misteriosa y Patrick no pudo evitar sentir desconfianza.
-Malvo
-Melrose
El apretón de manos provocó un escalofrío en el castaño. Guardó las manos en los bolsillos y soltó un suspiro, no pudo evitar que su mirada se deslizara hacia el arcade.
-¿Te interesa?- preguntó Malvo
-Para nada
-Y sin embargo te detuviste a verlo
-Solo me trae recuerdos
-Ah, la memoria de los sentimientos le dicen. Recuerdas algo por lo que sentiste en aquel momento. Dime, ¿qué sientes?
-...Nostalgia
-¿Pasaste tu infancia en uno de estos?
-Adolescencia, y no son buenos recuerdos precisamente
¿Por qué le contaba su vida a ese extraño? Porque se sentía bien hablar con alguien que no estuvo presente en la historia, podía justificar sus acciones sin que se le pusieran en contra y contar su versión del cuento sin interrupciones.
-Ningún adolescente tiene recuerdos felices en su totalidad. Pudiste vivir la mejor noche de tu vida una vez y sentirte el rey del mundo, pero siempre hay algo que todo chico oculta muy dentro suyo
-La mejor noche de mi vida..
Él mismo había descrito así su fiesta de cumpleaños de hace cinco años. No había pensado en ella hasta ese momento, donde recordó el maravilloso rato que pasó con el joven rubio
-No he tenido una de esas en mucho tiempo
-Si me permites, no pareces el tipo de hombre que pasaría una noche sin ingerir alguna sustancia que te haga olvidar la miserable vida que tienes
Patrick arrugó la nariz y le dio una calada a su cigarro, era consciente de que su rostro reflejaba el mal estado de su cuerpo en general. Pero nadie se lo había dicho tan de frente como aquel hombre, nadie se atrevería.
-Usted no parece del tipo que anda revoloteando por las calles
-No, no revoloteando. Haciendo tiempo. Mi amante está fuera y mato el tiempo hasta la hora en que regresa
-Le diría que un adulto normalmente estaría trabajando a estas horas del día, pero aquí estoy también
-Señor Melrose, no me permita que le baje la autoestima, pero piense en esta pregunta. ¿Por qué seguir aquí si en lo que va de su vida no ha logrado nada?
Malvo dejó caer la ceniza sobre el zapato de Patrick, tiró el cigarrillo al suelo y mostró una sonrisa antes de irse. Patrick miró su pie, golpeó la punta del zapato contra el suelo para quitar la suciedad y se deshizo de su cigarro.
-No es como si no lo hubiera pensado ya
Decidió regresar a la casa de su amigo. Lo recibió Willy desde el sofá, con una revista y una cerveza en lata.
-Johnny está en el garage. ¿Tuviste un agradable paseo?
-Me hizo recordar que no extrañaba esto para nada
Se sentó junto a su amigo y le quitó la lata, acabó el contenido con un largo trago.
-¿Algo pasó?
-Había olvidado las extrañas personas que viven en este pueblo
-¿Te cruzaste con alguien?
-Un hombre desagradable
Willy mareó a su cerebro al pensar en las posibilidades. Podía referirse a un extraño, cruelmente a Lester, o en el peor de los casos a su nuevo amante. Enrolló la revista y golpeó el brazo de Patrick con ella
-No te desanimes. Puedes quedarte en la casa si quieres, o ir al trabajo con Johnny. También puedes acompañarme al almacén si estas aburrido
-Debería volver a mi apartamento
-¿Apartamento?
-Es alquilado
Se levantó del sofá y asi como llegó, se fue. Otra vez en las calles, encendió un cigarrillo y frotó sus ojos. Estaba cansado. Cansado de vivir, de hacer un esfuerzo al mantenerse de pie. Las alucinaciones lo perseguían, como la imagen de Lester frente a un edificio en la otra calle.
Se detuvo de golpe. Volteó hacia la calle paralela a él. En serio era Lester, mirando asustado hacia los lados y jugando nervioso con las mangas de su abrigo. No lo pensó, sin dudar puso un pie en la calle, dispuesto a cruzar y hablarle. Pero algo le arrancó la voluntad y la pisoteó; no un auto, un hombre. Malvo apareció junto al rubio y lo besó, se podría jurar que mientras lo besaba estaba mirando hacia Patrick. Burlándose de él, refregando en su cara lo que dejó ir.
De haber estado en sus cabales y pensado con calma, Patrick se hubiera dado cuenta de que Lester rechazaba el afecto del otro. Su cuerpo contraído y esfuerzo por tener el menor contacto posible con el cuerpo ajeno eran claras señales de que no quería estar en esa posición. Pero Patrick estaba cansado, de intentar, de pensar, de creer que le importaba a alguien. Subió el pie a la acera y se fue por donde vino, con el cigarro en los labios y los ojos irritados de tanto fortarlos. Un cubo de basura sufrió su ira al ser pateado. Se negó a voltear, a verificar que era real; pero si lo hubiera hecho habría visto al rubio ser arrastrado en contra de su voluntad al interior del edificio y quizás podría haberlo salvado. Pero se estaba ahogando en su propia miseria y no tenía fuerzas ni para salvarse a sí mismo.
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Eso es mío (Lestrick)
Fan-FictionHay un evento al que todo niño y adolescente quisiera asistir, la inauguración del Arcade mas grande de la ciudad. Miles de chicos esperan en sus puertas para luego acumularse en el interior, cualquier cosa puede pasar allí dentro y habría pocos tes...
