Capítulo 7:

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Varias semanas después llegó a mi un momento inolvidable, estaba pasando tiempo con alguien que amaba, y ese alguien era mi padre.

Me alegró bastante el saber que él como siempre estaba ahí por y para mi. Nunca fue alguien de fácil expresión pero ese día olvidó eso y le dio paso a sus sentimientos, el sentimiento paternal del amor.

- Hijo mío, para mi ha sido complicado el tener que afrontar todo esto, sé que debo ser fuerte y cada segundo que pienso en ti lo soy, porque luchas contra algo que no tiene rostro, que en su nombre lleva 6 letras y de forma curiosa muchas veces su resultado también da 6 (muerte), que puede doler aunque no lo ves, y matarte sin pensarlo dos veces porque su mayor arma es él mismo. Estoy orgulloso de tener un hijo luchador y valiente, un ser humano que no se rinde o se da por vencido tan fácil. Connor, debes saber que aparte de ser mi hijo, eres mi guerrero. -Dijo papá sollozando al borde de las lágrimas.

Escuchar eso no tenía precio, mi papá nunca había hecho o dicho algo así. Todo eso quedó impregnado en lo más profundo de mi ser. Pasamos el día más maravilloso juntos.
Compartimos una placentera tarde de plática y consejos de chicas padre e hijo, aunque no sé si me serían útiles era un tanto emocionante hablar de esos temas.

Pasaron horas y la noche se adueñó del cielo, por primera vez en mucho tiempo me tomé minutos para admirar la belleza de la luna y el bailar de las estrellas. Todo parecía una danza estelar llena de magia creada por Dios.

Luego de admirar por una ventana de mi cuarto el resplandor lunar, llegó a mi mente una idea, la cual de inmediato convertí en realidad. Volví a escribir, esta vez no en mi diario, fue algo repentino pero tenía la fe de que algún día esas personas a las cuales les dedicaba mis más profundos sentimientos llegarían a leer lo que mi lápiz escribía en ese momento.

Diario de un cáncerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora