Narra el doctor Henry Arthur Brown:
Lo encontré muerto en su cuarto. Y aunque me era difícil dejar de pensar en ese instante, siento que no estoy aquí para hablar de eso, sino de lo que significó su vida.
Connor para mi había sido un chico espléndido, a plena vista no parecía alguien que estaba luchando contra el cáncer, “No juzgues un libro por su portada” era la frase que lo definía a la perfección, porque, por más triste o difícil que pareciera la situación él tenía siempre una sonrisa para todo y todos.
En él había algo difícil de explicar, su manera de pensar era bastante madura a comparación de los demás chicos de su edad. Aunque estaba atravesando por un momento inimaginablemente doloroso su mirada reflejaba felicidad, daba esperanzas aunque ya no las había. Él marcó mi vida como doctor, en los años que llevaba allí nunca había visto a tan valiente luchador.
Pensaba que al tratar siempre con pacientes de cáncer no me afectaría tanto o aprendería a aceptar cada muerte con el tiempo, pero, aunque llevo más de 6 años en mi oficio creo que ni toda la experiencia del mundo te prepara para algo así. Cada vez que uno de mis pacientes moría era un sentimiento nuevo, sabía que no era la última despedida, pero, a pesar de eso parecía como si fuese la primera.
Dentro de sus facultades encontró una pasión, yo no sabía ni tenía la menor idea de cuán talentoso era hasta que un día de sus manos la recibí; era una carta. Me había sido entregada horas antes de su muerte, nunca imaginé que está sería la última vez que lo vería con vida, lo mejor de todo fue su sonrisa, siempre lo será.
En total eran 5 cartas. Al frente cada una tenía el nombre o el destinatario. En su mundo de letras había integrado a sus padres, a su tía Zoe, a su mejor amiga Charlotte y por supuesto a mi. No me esperé nada, pero me parecía algo maravilloso viniendo de Connor.
Algo me decía que había llegado el momento de abrir dicha carta y eso hice, esta decía:
Estimado doctor Henry A. Brown:
Todos pensábamos que mi estancia en su clínica iba a durar menos de lo que fue. Pero, puedo decir que usted supo darme el ejemplo de lo que es prestarse al servicio de los demás, y entregarse día a día a los diversos corazones de sus pacientes sin importar qué.
De haber tenido la oportunidad me habría gustado convertirme en doctor, su presencia en mi vida fue tal que me inspiró a llegar más lejos de lo que nunca antes estuve. Sabía que no podía hacer nada porque mis días estaban contados, pero, me gustaba la idea de imaginar incontables cosas las cuales hubiera querido realizar. Estas imaginaciones tomaban tanta fuerza hasta llegar a convertirse en sueños. En uno de ellos estaba usted, porque cuando lo miraba me veía reflejado, de alguna manera usted era todo lo que yo quería ser.
Siempre admirándolo, Connor.
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Diario de un cáncer
Historia CortaUn chico llamado Connor, narra como fue el cáncer en su vida. Él sólo era un adolescente cuando lo diagnosticaron y para todos fue una sorpresa que lo que parecía ser una falla respiratoria se convirtiera en nada más y nada menos que cáncer.
