Sábado al mediodía era mi cita semanal de café, parada con Liz, y mientras yo paseaba en nuestra usual cafetería, cogí pelo de gato de mi suéter negro.
–Maldito gato—Murmuré.
—Tienes un gato? Desde cuándo?— Liz dijo viniendo detrás de mí.
—Oh, umm, sí. Tengo un gato esta semana.
Ella me ojeo curiosamente.
—Bien. Pero tú odias los gatos.
—Yo no odio los gatos— en realidad los odiaba.
—Lo que digas— ella rodó los ojos.
Nosotras ordenamos nuestro café y reclamamos las sillas de sala en la parte trasera. Los ojos de Liz estaban en mí desde el segundo en que me senté.
—¿Qué?
Ella ladeo su cabeza.
—Algo está pasando contigo. –Ella negó con la cabeza rápidamente probando de su Americano helado, mordiendo la pajita.
Trate de actuar casual, pero mierda, una vez que Liz estaba en el camino, no hay nada escondido que no quieras que ella sepa.
—No estas añadiendo algo. Tú has estado trabajando con Drew, el profesor Clancy me dijo que se fue del hospital y tú sigues siendo MIA toda la semana. Y tienes que admitir que lo del gato es extraño.
Quité los labios de mi late, necesitando hacer algo con mis manos.
– No, nada está pasando. Clancy regreso mi tesis con toneladas de cambios, así que solo he estado ocupada trabajando en eso. Y el gato… No es nada. Él estaba solo perdido cuando lo encontré.
Ella entorno sus ojos a mí. —Estas bromeando? Piensas que es tu trabajo arreglar todos los hombres y animales callejeros en la ciudad de Chicago? Cariño… —Ella negó con la cabeza. —tienes que dejar ir esto.
Tome otro sorbo de mi bebida, tratando de pensar en otra forma de cambiar el tema. Liz tenía una historia de verdades dibujadas de mí sobre lo que ella no necesitaba saber. Tal como mis hábitos de arreglo personal, o el hecho de que yo no era dueña de los juguetes sexuales, que cambiamos rápidamente en un viaje a la tienda de sexo hace varios meses. No es que yo lamentara esa intervención particular. Pero aun así, ¿No tengo derecho a un poco de privacidad?
Además ella se movería de un tirón si se enteraba que Drew estaba viviendo conmigo si ella le decía a Clancy o a alguien más no quiero pensar en que sería de mi beca para estudiar pacientes de amnesia. Seguramente esto estaba cruzando una especie de línea. Al menos no habíamos tenido sexo. Dios, si alguien pensaba que estaba negociando favores sexuales para la investigación académica… Me estremecí.
Liz se dio cuenta, entornó los ojos a mí.
—Espera un segundo. —Ella levanto un dedo en el aire. –Uh, uh no. De ninguna manera.
—¿Qué?— Mi estomagó se anudo con nervios.
—Sigues en contacto con él ¿Verdad?
—¿Quién?
—No te hagas la tonta. Sabes que estoy hablando de Drew. Tú podrías estar hablando con él; de lo contrario estarías más molesta o parloteando de él sin parar.
—Tal vez.
—Chica, mejor viértelo en este momento.
—Para, Liz—Mire abajo a mi bebida— No hay nada que decir.
Aparte de que estoy malamente deseando un hombre posiblemente enfermo, con un pasado violento que ninguno de nosotros sabe indagar. Oh, sólo eso.
Ella entrecerró los ojos, pero por fortuna la dejó ir.
Después de que Liz y yo charlamos un poco más de tiempo, insistió en llevarme a casa, diciendo que quería conocer a mi gato. No importo lo que traté de decirle, que yo prefería caminar, o que estaba yendo a parar a la biblioteca en mi camino, ella siguió insistiendo, hasta el punto de que yo sabía que si me mantenía inventando excusas, ella comenzaría a sospechar. Finalmente cedí.
—¿Cuál es su nombre de todos modos?
—¿Quién?
—El gato.
—Oh, bueno, Tom.
—Tom?— Preguntó ella con una sonrisa. —Estas aún más en la necesidad de un hombre que me diera cuenta.
Manejamos en silencio a mi apartamento, a la vez que rogaba que Drew estuviera fuera. Él no trabaja los sábados, pero si había un Dios, le pedí que me concediera mi petición.
Cuando abrí la puerta de mi apartamento y abrió de un empujón, di un suspiro de alivio. Todo estaba quieto y en silencio. Gracias a Dios. Drew no estaba aquí.
—Aquí Tommy, —se rió Liz. Ella amaba a los gatos, y tenía dos de los suyos, que yo siempre me había quejado, haciendo el hecho de que yo tenía un gato aún más increíble.
Oh mierda, las pinturas. A pesar de que Drew no estaba aquí, a menos que pudiera convencer a Liz que había repentinamente pintado, tan pronto como entró en el comedor, estaba jodida. Y puesto que ella sabía yo no tenía un hueso artístico en mi cuerpo, la plantilla se había levantado.
—Bueno, hola, Tom. —oí hablar a Liz desde la otra habitación. —Eres un gatito bonito. —Volví a entrar en la sala de estar. Tal vez sólo pudiera mantenerla en esta sala. Gracias a Dios por ese maldito gato.
—Sip. Es él, el nuevo hombre en mi vida. —Sonreí.
Era un lindo gato tenía que admitirlo. Él era suave gris y negro. La mejor parte de él fue que no utilizó una caja de arena, que arañó la puerta cuando necesitaba salir así que no había que limpiar.
Sentó al gato a sus pies. —Voy a usar el baño antes de salir. Demasiado café.
Dejé escapar un suspiro de alivio en el momento en que desapareció por el pasillo. Tal vez podría tirar esto.
Un segundo más tarde, Liz desbordó por el pasillo.
—Llama a la policía!
—¿Qué? ¿Por qué?
—Hay un hombre masturbándose en el baño! —Ella agarró un paraguas desde el vestíbulo y lo sostuvo delante de ella como un arma, listo para la batalla. —__(tn)! ¿Escuchaste lo que dije? Llama a la policía!
Me tragué mi orgullo.
—Drew. Será mejor que vengas aquí. —le grité por el pasillo.
Los ojos de Liz se abrieron en shock.
—¿Drew?
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amnesia ''''....amor,drama..'''
Teen FictionLa ordenada vida de la estudiante de Psicología, sofia toma un giro hacia la locura cuando encuentra el tema perfecto para su tesis de amnesia —un hombre joven, sin ningún recuerdo de su vida anterior, con una acusación de asesinato. Contra todo se...