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Todo es confuso, lo que siente o lo que no siente.

Cuando llegó aquel español a sus tierras con su porte elegante vistiendo aquel precioso metal de gran importancia y valor, que, para él no valía absolutamente nada, un brillo increíble bajo el Sol sin valor alguno, como lo que sintió por él.

Le mostró una nueva lengua que encantado aprendió, ambos eran ambiciosos, pero sus ambiciones eran diferentes y no lo supo ver, el español deseaba poder y riquezas, mientras él deseaba conocimiento.

Con la promesa de un nuevo mundo, uno mejor y sabio se dejó llevar, se fue lejos de sus tierras hambriento de conocimiento, queriendo saber qué hay más allá de ese extenso mar, grave error.

Encontró más inhumanidad, ideas inconcebibles y estúpidas a su parecer, nunca pudo encontrar ese conocimiento que le prometieron, nunca pudo ver aquel hermoso mundo del que le hablaron, le pusieron cadenas en cuello y manos, una venda en ojos y boca, le arrebataron todo lo que amaba, quería y deseaba, su pueblo, sus tierras, su gente y su conocimiento, sólo obtuvo esclavitud y silencio...

¿El amor valía eso? ¿Esas son las consecuencias de amar? ¿Las consecuencias de mostrarse débil y sincero frente alguien? ¿de confiar?

España lo presento como su hijo, a él y otros chicos tan estúpidos que igual confiaron.

El español le enseñó, sí, cosas inútiles e innecesarias, le enseñó sobre su religión, las diversas lenguas, costumbres, modales, a actuar civilizadamente, le enseñó sobre el amor de Dios, amor que nunca tuvo, nunca sintió, no tuvo la misericordia de la amada deidad, ni la quería.

Por mucho tiempo se culpó por ser tan ciego, por confiar en la persona equivocada en vez de su gente, por entregarle más amor a España que a su pueblo, por ser ciego y dejarse llevar por su brillante parecido y forma de hablar.

¿Ahora que ganas tenía de amar? ¿Si quiera eso existe?

Pero la vida, el destino y el amor es caprichoso, muy caprichoso y siempre que no deseas algo es cuando viene, aunque... el humano es torpe y comete los mismos errores sin aprender de ellos.

Fue en una de esas tantas reuniones que España organizaba, cuando se vieron por vez primera, sus ojos chocaron y pasó lo típico de las películas, el tiempo se detuvo, por un breve, muy breve instante, porque Nueva España desvió la mirada y Reino Unido sólo lo quería para una colonia más.

No fue la gran cosa, fuera del saludo y la despedida no se dijeron mayor palabra, pero desde entonces el brillo en sus miradas al chocar solo aumentó, aunque eso es algo de lo que aún no se han dado cuenta.

Porque las cosas sólo se complicaron.

DesenlaceDonde viven las historias. Descúbrelo ahora