12

230 32 0
                                        

Hyunjin en forma humana estaba quieto demasiado quieto para su naturaleza hiperactiva, sentado en el suelo de la sala con las piernas cruzadas y la espalda recta como una estatua viviente, las orejitas blancas erguidas temblando apenas con anticipación contenida, los ojos negros fijos en Seungmin con una intensidad feral y desesperada que cortaba la distancia, y ese aroma dulce e intenso como miel caliente mezclada con algo más primitivo y almizclado que se colaba por la nariz y se instalaba directo en la sangre hinchando las venas con un calor insistente. Hyunjin ya había estado insinuándolo toda la noche con gestos sutiles pero desesperados: olfateando disimuladamente el cuello de Seungmin mientras veían una serie acurrucados en el sofá, removiendo las caderas inquieto contra su muslo con frotes melosos e inocentes, gimiendo bajito con voz demandante cada vez que Seungmin se movía lejos, su cuerpo temblando por la necesidad de aparearse que lo consumía desde adentro como un fuego primal.

Seungmin tragó saliva con la garganta seca, la taza tembló en su mano derramando gotas calientes sobre sus dedos. 

Hyun... ¿qué pasa? —preguntó con voz ronca por el sueño residual y un atisbo de alarma.

El híbrido no respondió con palabras, se levantó lentamente con una gracia felina y fluida que hacía que cada movimiento pareciera coreografiado por instintos ancestrales, descalzo sobre el piso frío, solo con los shorts grises que le quedaban bajos en las caderas revelando la V de su pelvis pálida y tensa, la piel brillando bajo la luz tenue con un resplandor febril, y el calor que desprendía era casi visible como ondas distorsionadas en el aire cargado.

Se acercó con pasos deliberados y depredadores. 

Paso. Paso. Paso.

Seungmin retrocedió instintivamente hasta que su espalda chocó contra la pared de la cocina con un golpe sordo, la taza quedó olvidada en la encimera derramando café en un charco marrón. 

Hyunjin... —repitió pero esta vez sonó más como una súplica temblorosa y resignada.

El híbrido lo acorraló con manos a ambos lados de la cabeza de Seungmin plantadas en la pared, cuerpo a centímetros con el calor irradiando como un horno, olor abrumador que nublaba la mente con feromonas potentes. 

Seungmin... —susurró Hyunjin con voz grave y jadeante teñida de desesperación melosa, sus ojos dilatados casi negros por completo con pupilas hinchadas por el deseo—. Hueles... tan bien... —agregó olfateando su cuello con narinas dilatadas, el aliento caliente rozando la piel sensible. Seungmin levantó una mano temblorosa y la posó en la espalda de Hyunjin, quemaba como si tuviera fiebre otra vez con músculos tensos y sudorosos bajo sus dedos. 

Estás caliente... ¿es el celo otra vez? —preguntó con voz entrecortada.

Hyunjin negó con la cabeza o quizás no con el movimiento apenas perceptible, no importaba en ese momento de tensión eléctrica.

Sus labios rozaron la mejilla de Seungmin en un beso suave y tentativo que dejaba un rastro húmedo, luego otro más insistente, y otro demandante con lengua asomando para probar el sabor salado de su piel. Caricias urgentes con dedos deslizándose por la cintura de Seungmin bajo la camiseta trazando la línea de sus costillas con uñas leves que erizaban la piel, explorando con inocencia desesperada por primera vez el cuerpo humano en este contexto primal.

Seungmin jadeó con el aire escapando en un soplo caliente, no se opuso con el cuerpo traicionándolo al inclinarse hacia el toque, no pudo en medio del aroma que lo embriagaba.

Hyunjin llegó a sus labios en un beso tentativo que probaba con labios suaves y pomposos, luego otro más profundo con lenguas entrelazándose en un baile húmedo y caliente, calor irradiando de sus bocas, humedad de salivas mezcladas en un sabor dulce y adictivo.

BITTERSWEETDonde viven las historias. Descúbrelo ahora