Seungmin no recordaba en qué momento se había desmayado con exactitud, el mundo girando en espirales borrosas y vertiginosas alrededor de él como un torbellino de confusión y shock que lo arrastraba hacia la oscuridad absoluta, ni cómo había terminado en su cama con las sábanas arrugadas y cálidas envolviendo su cuerpo entumecido y pesado por el agotamiento emocional, todo había pasado muy rápido en una secuencia acelerada de imágenes fragmentadas que se superponían en su mente como fotogramas de una película surrealista y desconcertante, había empujado la puerta del baño con un movimiento impulsivo y tembloroso que hizo crujir las bisagras oxidadas en el silencio húmedo y cargado de vapor que impregnaba el aire con un aroma a sales de lavanda disueltas y agua tibia, y allí estaba él emergiendo de la niebla etérea como una aparición materializada de un sueño febril o una alucinación inducida por el cansancio acumulado: una figura alta y esbelta, desnuda bajo el resplandor tenue de la lámpara que proyectaba sombras alargadas y danzantes en las paredes de azulejos agrietados y empañados, goteando agua sobre el mármol frío y resbaladizo del piso donde charcos se extendían como lagos diminutos reflejando la luz distorsionada, se cubría apenas con una toalla diminuta y blanca que colgaba precariamente alrededor de sus caderas estrechas, la cola blanca —sí, una cola delgada y peluda que se movía con gracia instintiva— enroscada entre sus piernas largas y pálidas como un mecanismo de defensa tímido y vulnerable, el chico había alzado la vista con lentitud deliberada y cautelosa, ojos negros profundos y penetrantes que brillaban con un fulgor sobrenatural bajo las cejas arqueadas, orejas blancas triangulares y suaves temblando ligeramente en la coronilla como antenas sensibles captando cada vibración en el aire cargado, cabello corto y húmedo pegado a la frente en mechones oscuros que goteaban gotas cristalinas por sus mejillas sonrosadas y lisas, y entonces, con una voz suave como la seda que se deslizaba por el espacio entre ellos como un susurro seductor y melódico que cortaba el silencio opresivo.
—Hola... soy Hyunjin.
Una pausa pesada y cargada de expectativa que se extendía como un hilo tenso en el aire húmedo, —Y tú... eres mi amo—agregó con tono reverente y sumiso que resonaba en el baño como un eco distante y hipnótico, después de eso: oscuridad absoluta que lo envolvió como un manto negro e impenetrable, el mundo desvaneciéndose en un vacío donde los sonidos se amortiguaban y las sensaciones se diluían en nada.
Ahora, Seungmin abrió los ojos con parpadeos lentos y desorientados que luchaban contra la luz grisácea del amanecer que se filtraba por las rendijas de las cortinas polvorientas y proyectaba patrones suaves y difusos sobre las paredes de la habitación familiar pero ahora cargada de una atmósfera extraña e irreal, frunció el ceño al sentir gotitas caer sobre su cara con una cadencia rítmica y delicada que lo sacaba de su letargo, una gota fría y refrescante que rodaba por su mejilla, dos que salpicaban su nariz con un cosquilleo sutil, tres que se acumulaban en su frente como lluvia tibia y persistente que evocaba recuerdos confusos de la noche anterior, luego un beso en la mejilla suave y cálido que presionaba contra su piel con una ternura inesperada y electrificante que enviaba ondas de calor por su cuerpo, y unas manos —delgadas y frías como el mármol helado pero suaves como el terciopelo— deslizándose por su cintura con caricias lentas y exploratorias que trazaban patrones invisibles sobre su camiseta arrugada, acariciando con ternura que lo hacía estremecer involuntariamente en una mezcla de sorpresa y algo más profundo e indefinido, un ronroneo bajo y vibrante como el de un gato satisfecho que resonaba en el aire quieto de la habitación y vibraba contra su pecho como una melodía primal y reconfortante, Seungmin parpadeó con mayor rapidez ahora, intentando enfocar la visión borrosa por el sueño residual, y se topó con él inclinado sobre él a centímetros de su rostro en una proximidad íntima y abrumadora que llenaba su campo de visión por completo, Hyunjin con ojos negros y brillantes que reflejaban la luz matutina como pozos profundos de obsidiana pulida, cabello húmedo cayendo en mechones desordenados sobre su frente pálida y lisa que goteaban gotas cristalinas sobre la almohada, pequeñas orejitas blancas asomando entre el pelo oscuro y moviéndose ligeramente con cada respiración, piel pálida casi luminosa que parecía emitir un resplandor etéreo bajo la luz filtrada, labios pomposos y rosados curvados en una sonrisa tímida y cautivadora que revelaba una vulnerabilidad encantadora.
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BITTERSWEET
FanfictionSeungmin escapa de una casa que lo asfixia y se refugia en la vieja cabaña de sus abuelos, en un pueblo tan perdido que ni los mapas lo nombran. Allí, entre el olor a pino y el silencio que pesa, los vecinos susurran sobre híbridos que merodean al a...
