La casa grande ya no era la misma en su quietud melancólica y aislada, ahora olía a atún fresco y salado de las latas abiertas con un pop metálico que resonaba en la cocina, a jabón de lavanda con su aroma floral y calmante que se filtraba desde el baño donde el vapor aún persistía en las paredes empañadas, y a algo más indefinido e intangible: Hyunjin, una presencia viva y etérea que impregnaba cada rincón con un calor sutil y una inocencia palpable, como si el aire mismo se hubiera vuelto más ligero y juguetón con su llegada inesperada y transformadora.
Seungmin abrió los ojos con parpadeos lentos y somnolientos que luchaban contra la luz dorada del amanecer filtrándose por las rendijas de las cortinas polvorientas que colgaban como velos suaves en las ventanas altas, sobre las sábanas arrugadas y cálidas un hurón blanco saltaba como un resorte lleno de energía inagotable e infantil: ¡pum! sobre la almohada mullida que se hundía bajo su peso diminuto, ¡pum! sobre el edredón grueso y acolchado que formaba montículos como colinas nevadas, ¡pum! directo al pecho de Seungmin con un impacto juguetón que lo sacó de su sueño residual con una mezcla de sorpresa y diversión.
—¡Auch! —se quejó él entre risas ahogadas y genuinas que resonaban en la habitación silenciosa—. ¿Otra vez con el trampolín? —preguntó frotándose el pecho con una mano mientras observaba al animal con ojos entrecerrados y afectuosos, Jin (en forma de hurón) mordisqueó la manga de su pijama con dientes diminutos y curiosos, tirando con fuerza inocente y persistente como si jugara a un tira y afloja infantil que lo hacía rodar ligeramente sobre las sábanas, Seungmin lo atrapó con una mano gentil y envolvente que lo elevó en el aire como un trofeo vivo y peludo.
—Vale, vale. Desayuno —concedió con voz ronca por el sueño, bajando de la cama con el hurón acurrucado contra su pecho donde su calor diminuto se sentía como un recordatorio reconfortante de su nueva realidad compartida, bajaron a la cocina por las escaleras que crujían bajo sus pies descalzos, el aroma a madera vieja mezclándose con el de la leña apagada en la chimenea, Seungmin puso agua a hervir en la tetera antigua que silbaba con un zumbido creciente y reconfortante, y entonces... un destello de luz plateada brilló en el aire como un rayo de luna capturado en el interior de la casa, el hurón se estiró con un movimiento fluido y mágico, creció en un instante etéreo y luminoso, se transformó con una gracia natural y sin esfuerzo que hacía que el proceso pareciera un juego inocente de la naturaleza, Hyunjin apareció de pie descalzo sobre el piso de baldosas frías y desgastadas, con solo los shorts negros que Seungmin le había dado en un gesto práctico y avergonzado la noche anterior, alto —mucho más alto que él con una estatura imponente pero delicada—, hombros anchos y suaves que se curvaban con elegancia, cintura estrecha que se afinaba como una silueta dibujada con ternura, piel pálida que parecía brillar bajo la luz de la mañana filtrada por la ventana de la cocina como si estuviera hecha de porcelana fina y luminosa, el cabello negro húmedo le caía sobre los ojos en mechones desordenados y juguetones que goteaban gotas cristalinas sobre sus hombros, las orejitas blancas se movían curiosas e inocentes como antenas explorando el mundo con maravilla infantil.
—Buenos días, amo —dijo con voz baja y ronca pero teñida de una dulzura ingenua y pura, sonriendo con una curvatura amplia y radiante que iluminaba su rostro como un niño descubriendo un secreto maravilloso. Seungmin apartó la vista rápido con un rubor subiendo por sus mejillas, el corazón latiéndole con un ritmo acelerado por la proximidad inesperada y la visión abrumadora.
—¡Tápate! ¡Al menos ponte una camiseta! —exigió con voz entrecortada y urgente, girándose hacia la estufa para ocultar su sonrojo creciente. Hyunjin ladeó la cabeza con un gesto de confusión genuina e infantil, las orejitas inclinándose también en un movimiento sincronizado y adorable que revelaba su inocencia absoluta.
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BITTERSWEET
FanfictionSeungmin escapa de una casa que lo asfixia y se refugia en la vieja cabaña de sus abuelos, en un pueblo tan perdido que ni los mapas lo nombran. Allí, entre el olor a pino y el silencio que pesa, los vecinos susurran sobre híbridos que merodean al a...
