La luz solar invadía la habitación, llenándola de calidez en su silencio. Éste fue roto por un solitario reloj cucú que marcó las 9 de la mañana.
Entreabrió los ojos. Distinguió una mesita de noche, unas viejas cortinas de tonos rojizos y una pared ocre."Éste no es mi departamento"
El cucú dio su último canto y se internó en las puertecitas del reloj.
"¿Dónde estoy?"
Cerró la mirada, concentrándose. Había tomado un vuelo a Dublín, que se desvió por una tormenta. Tenía que hacer algo importante...pero ¿qué? Por eso estaba ahí. Apretó los párpados. Un bar cayéndose a pedazos, supersticiones incoherentes, vacas, un cochecito rojo...medio sumergido en un estanque. Sus calzones rosas de encaje...en la cabeza de alguien. Tres enormes perros de intensa mirada. La historia de un guerrero y una doncella. Otra tormenta...
Bostezó. Ni idea, tendría que despertarse por completo para descifrar la maraña de recuerdos que era su mente. Cuando intentó estirarse fuera de la cama, sintió que algo se lo impedía; miró hacia abajo, descubriendo que ese "algo" era un brazo que le rodeaba la cintura. En seguida escuchó un sonido extraño.
Era entre un ronroneo y un gruñido.
Los ojos verdes se abrieron de par en par. Conforme las piezas empezaban a encajar, Eren fue volteando hacia atrás, cada vez más angustiado.
Vio un extraño corte de cabello, rostro alargado, labios de un particular tono rosado y unos ojos pequeños que se entreabrieron, luego parpadearon y le miraron con inocencia.
—Hey.
Las mejillas del castaño se tornaron tan rojas como una manzana.
—¡AAAAHHHHH!Aquel grito se escuchó por toda la casa, seguido de un golpe que retumbó en un área del techo de la planta baja.
Arriba en el cuarto, Eren se hallaba hincado en la cama mucho más rojo que antes y respirando entrecortadamente. Jean estaba en el suelo, sobando su cabeza.
—¿¡Qué mierda fue eso!? ¿¡Estás loco!?
—¡Lo mismo puedo decir de ti! ¿¡Qu-quién te has creído!?
—¿¡De qué rayos hablas!?
—¡T-tú! ¡Me manoseaste!
Jean abrió más los ojos. Se arrodilló y lo fulminó con la mirada.
—¡Sí estás loco! Maldito histérico, ¿por qué todo lo malpiensas? ¿Acaso tu querido Levi no te satisface?
Eren temblaba, el rojo no abandonaba su rostro. Parecía un tomate a punto de estallar.
—¡¡Eso a ti no te incumbe, indecente!!
—¡Para empezar! ¡Te informo que fuiste tú quien primero me abrazó anoche!—ambos se acercaron al borde de la cama, con evidente fastidio.
—¡Y bien que te aprovechas! Eres... ¡eres un abusador de menores!
—¿¡Qué!? ¡Tú no eres menor, calzones de encaje! ¿Qué eres?, ¿una abuela?
—¡Pervertido idiota!
—¡Abuela calenturienta!
—¡Hey! ¿Qué rayos pasa ahí adentro?-inquirió la voz de la casera, a la vez que golpeaba la puerta.
—¡Eren encontró una araña enorme!
—¡Jean tuvo una pesadilla y se cayó de la cama!
—...¿Qué?
Ymir sonó confundida, y con justa razón. Ambos jóvenes se miraron, molestos por lo que cada uno había dicho, luego vieron hacia la puerta.
—¡Pelea marital!
—¡Tch! Más vale que terminen pronto, no quiero estar escuchando sus tonterías por toda la casa.
Ambos esperaron a que los pasos de la mujer se alejaran escaleras abajo, después de eso Jean se limitó a sentarse en el suelo, cruzando piernas y brazos.
—Nada extraño pasó anoche, idiota.
Eren lo imitó, pero sobre la cama. Cerró los ojos y giró su cabeza a otro lado, indignado.
—Y repito: tú me abrazaste primero.
—Mentiroso.
Ahora Jean cerró los ojos. Lanzó un suspiro, fastidiado.
—Yo estaba tranquilo, empezando a dormirme, cuando de pronto sentí que me abrazaban por la espalda—hizo un ademán—. Intenté liberarme, pero te aferraste a mí como si fueras una especie de koala. Te llamé, te zarandeé pero ni despertaste ni me soltaste—abrió los ojos—. Sólo haciéndote cosquillas logré quitarte de encima, lo cual fue un tanto divertido.
Eren se había ruborizado. Recordaba las veces que Levi se quejó de lo difícil que le resultó dormir por su "abrazo cariñoso". Además, la descripción de Jean coincidía con la de Levi, a excepción de que éste nunca usó la técnica que el otro empleó.
Por supuesto, no pensaba darle la razón a ese idiota.
—Pues tal vez te confundí con una almohada. Digo, estás algo... grande.
—¿Me estás diciendo gordo?
Eren esbozó una sonrisa burlona.
—Con todo lo que tragas, me sorprende que cupieras en la ducha...gordito.
—Yo hago ejercicio, imbécil. Es lógico que me dé tanta hambre—Jean alzó su índice—, por tanto no estoy ni "grande" ni "gordito". Estoy "fuertecito".
—¡Bah! Estás gordo y se acabó.
—Y tú usas calzones de abuela. Perfecto.
Ambos se miraron, irritados. Jean señaló el pequeño chichón que se le había formado en la cabeza.
—Creo que me debes una disculpa.
—¡Ni hablar! Es más, ¿por qué entonces resultó que yo amanecí abrazado por ti? ¡Algo debiste hacerme, además de cosquillas!
El ojo de Jean tuvo un ligero tic, su enojo pareció incrementarse mientras alzaba su índice y medio.
—Ahora me debes dos disculpas por tacharme de depravado.
Se miraron durante varios segundos, uno más furioso que el otro, hasta que, para sorpresa del ojiverde, Jean respiró hondo y se relajó.
—Eren. Sólo dormimos—el aludido arqueó una ceja, desconfiado—. Bien. Entonces responde esto: ¿te sientes diferente?
—No.
—Te duele... ¿algo?
—...No.
—¡Bien! —Jean recuperó su gesto irascible—. Ahora, ¡deja de decir estupideces y hazme el maldito favor de verte en un espejo! Comprobarás que no tienes marcas de ningún tipo.
Eren lo observó, buscando alguna huella visible de "actividad nocturna". Segundos después, se levantó en silencio y fue a verse al espejo del baño. Jean puso los ojos en blanco. Aún adolorido, sobó su cabeza.
—Idiota obstinado...
Se puso de pie con cuidado y recogió las sábanas que jaló en su intento por evitar caerse de la cama tras el empujón que Eren le dio.
En menos de 48 horas le había pasado de todo: el cuarto donde solía dormir estaba casi destruido, además de que al regresar debía arreglar el problema del cortocircuito; luego perdió su adorado coche, peleó contra unos tipos en un bar y fue revolcado en lodo colina abajo. Como si no hubiera sido suficiente, golpeado y empapado, se "casó" con su acompañante con tal de obtener un lugar dónde pasar la noche.
Intentó alisar las enredadas sábanas, pero sólo consiguió crear una especie de nudo gigante sobre el colchón. Encogiéndose de hombros, recogió el resto de su ropa y empezó a vestirse.
Después...preparó la comida con alguien, cosa que no hacía en mucho tiempo. Y luego estaba el beso...
Sacudió la cabeza, ahuyentando cualquier tipo de pensamiento, y se puso la chaqueta.
—Jean.
Volteó. El americano de ojos verdes estaba a su lado. Ni siquiera lo escuchó regresar; miraba al suelo, apenado.
—...Tenías razón. No hay nada de nada.
—Vaya. Hasta que no viste, creíste.
—Me gusta tener certeza de las cosas.
—¿A quién no?—palmeó el hombro del otro—. Pero la gente normal no suele tirar a matar para obtener esa certeza.
Eren sonrió.
—Tampoco es normal que dos desconocidos duerman en la misma cama.
—Buen punto—Jean bostezó, luego recogió sus zapatos—. Iré abajo. Así por lo menos tendrás la seguridad de que estás solo en el cuarto—se dispuso a salir de la habitación, cuando sintió un leve tirón en su chaqueta, a la altura de la cintura.
—Siento no haberte creído. Discúlpame.
—Dilo otra vez.
—... ¿Discúlpame?
—Bien. Deuda saldada—Jean reanudó su camino hacia la puerta—. Pero te siguen faltando los 600 euros y mi sándwich—añadió, antes de cerrarla tras de sí.
Eren miró en esa dirección unos instantes y luego negó con la cabeza, esbozando una sonrisa.
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Año Bisiesto | JeanxEren
FanfictionEren tiene todo lo que siempre quiso... excepto una cosa, una cosa que espera recibir de su novio, de quien está muy enamorado. Y como parece que Levi está retrasando su propuesta, ha decidido ir a buscarle en su viaje de negocios siguiendo una trad...