8. Me pudro en tus palabras

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"¿Me había colgado ese idiota?" Aún seguía molesta. Ya habían pasado dos semanas, pero aún no lo superaba, incluso yendo al trabajo lo recordaba. Justo le había colgado cuando estaban hablando tan bien, cuando estaban riendo tanto, diciéndose cosas bonitas, tan sinceras y amables. Sabina estaba indignada, pensaba que Liam de verdad era un tonto y que no merecía que ella siquiera lo llamara y más aún con las cosas tan crueles que le dijo al final. Lo peor es que no la había vuelto a llamar ni contestar sus mensajes desde entonces. Su pasatiempo ahora era pensar, y se dedicaba a hacerlo en cosas innecesarias. Ya se sentía una boba, pero lograba ser más tonta cuando miraba sus manos y pensaba ¿Por qué le había comprado un café a su jefe? Más importante que eso ¿Por qué creía que esto lo haría feliz? Su cerebro le decía que ese día había superado su nivel de tontería ¿Por qué le estoy llevando un café si en la oficina él tiene un bar coffee? Ahora sí se sentía como una idiota por doble, como una idiota por el tonto de Liam y como una idiota por llevarle café innecesario a su jefe explotador, la iban a matar esos dos hermanos.

La estaban agotando mentalmente, pero no por como parecía que eran, sino por cómo realmente son, detalles en ellos que nadie más veía. Aunque le pareciera que Diego era un idiota narcisista, sin tacto y sin emociones, no podía negar que él tenía mucha estima entre las personas de la oficina. Desde la primera semana lo notó, los trabajadores lo saludaban con alegría, le hacían favores, le estacionan el carro, los demás abogados y otros socios hablan bien de él, de su padre y de Liam, pero eso no parecía importarle mucho a Diego, tal vez son palabras vacías para él. En ese momento Sabina recordó la primera vez que lo vio y la pregunta más estúpida con la que se presentó "¿Cuál es tu número de tarjeta?" Le parecía desubicado y de mala educación esa pregunta, era como si ella hubiera invitado o ayudado a Alejandro sabiendo que le iban a pagar o como si la viera necesitada de ese dinero. No dudaba de que a lo mejor eso fue lo que pensó Diego, pero ahora que ha visto tanto de él y su entorno, comenzó a pensar que él era de esa forma por el mismo ambiente en el que se había criado, A lo mejor Diego tenía la idea de que con el dinero puede comprar todo o tal vez, pensará que la gente lo trata bien por interés. Aquello causó un gran sentimiento de pena en la chica. Realmente no sabía mucho sobre él.

Es verdad que era un idiota narcisista, como ya lo había mencionado Sabina, pero no podía evitar ver sus lados positivos. Para ser tan joven ya era socio de uno de los estudios de abogados más importantes del país, era una persona muy hábil, dedicado, inteligente, los clientes confiaban en él, era bueno con su hermano menor y ¿Atractivo? Aunque no lo quisiera pensar, era un hecho, era un chico atractivo que siempre resaltaba por su melena rubia y sus ojos azules, pero eran unos ojos muy solitarios, muy deprimidos.

- ¡Alto! – gritó - ¿Melena? Ah no, ya estoy pensando tonterías – dijo en voz alta mientras entraba en el edificio, si seguía así los demás trabajadores pensarían que era una loca. Subió a la oficina y para su sorpresa no estaba Diego, solo Sandra que estaba arreglando unos papeles

- Buenos días

- Hola – dijo molesta

- ¿Qué haces?

- Jugando – dijo sarcásticamente ¿Por qué la sigue tratando de esa manera?

- ¿El señor Diego?

- Está en una reunión con su padre

- Ya veo – contestó dejando ambos cafés en la mesa

- ¿Para qué compras café si aquí tenemos una barra de café? – se estaba comenzando a sentir como un idiota de solo pensar en algo tan obvio como eso

- Porque quería algo distinto – contestó rápidamente

- ¿Y compras dos cafés? ¿Tan complicado te es este trabajo que necesitas tanta cafeína? – dijo en forma burlona

La casualidad de querer quererteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora