2. Solo por el maldito dinero

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El día siguiente fue lo peor que había sentido en su vida. Sin que la casera le dijera nada había comenzado a empacar sus cosas, sabía que se tendría que irse, ya que no había forma de que pudiera retener por más tiempo la renta y los pagos pendientes. Pensaba en silencio, ¿Si les decía a sus padres que la apoyarán este mes? a esa pregunta, lo más probable era que preguntaran ¿Y qué paso con el trabajo? Eso sería lo mismo que nada. La condición para vivir sola era tener un trabajo estable y notas altas ¡Maldijo su mala suerte, la maldijo! Miró el reloj, como odiaba ver el reloj, durante todo un día la estuvo torturando. Por más que el reloj sea su enemigo, no pudo evitar notar que ya era tarde. No quería comer, no quería estudiar, ver televisión o leer, no quería hacer nada y menos con ese sueño tan extraño que había tenido en la tarde. Solo se bañó y se dejó caer en el sueño más profundo, ya mañana sacaría sus papeles de la universidad y vería de comprar un pasaje de avión, era todo para Sabina.

A la mañana siguiente la despertó el ruido de su celular, vio el número y decía en la pantalla "Número desconocido", debe ser un vendedor de telefonía pensó, no tenía ganas de negar como siempre sus paquetes y colgó. Pasaron unos minutos y el celular volvió a sonar, para su sorpresa era el mismo número desconocido, no quería contestar a otra compañía de telefonía y volvió a colgar, pero volvieron a llamar, era el mismo número, eso ya la desconcertó, nunca llaman tantas veces seguidas.

- Señorita Sabina, hasta que me contesta – dijo una voz femenina cansada de tanto llamar - quisiera saber a qué hora llega, la estamos esperando

- ¿Disculpe? ¿Con quién hablo? – estaba confundida

- Me llamo Raquel, la llamamos del estudio WWM, la estamos esperando para instruirla en su primer día – añadió sonando como si dijera algo evidente

Como si fuera un resorte brincó de la cama y se comenzó a cambiar de ropa, estaba confundida, pero no importaba si la señorita Raquel se había confundido, mejor para ella, podría sacar un beneficio y trabajar en el estudio.

- Señorita Raquel... creo que se confunde... yo no llegué a ir a la entrevista – maldijo su honestidad

- No es un error señorita Sabina, vimos su hoja de vida y nuestro jefe le ha dado el puesto a usted ¿No le llegó el correo de confirmación?

- ¿Correo? - miró su celular acelerada, había un mensaje y ni cuenta se dio, siempre dormía muy tarde y ese día lo hacía a las 23:00 ¡Demonios!

- Ya veo – dijo al no escuchar respuesta – mire le doy 30 minutos, cuando llegué entregue el número que le voy a dictar y la dejarán pasar, luego se dirige al último piso – comenzó a dictar el número, el cual Sabina apuntó en una servilleta, ni hojas tenía pues, todas las usaba para las lecturas que le daban en la universidad

¿30 minutos? "Solo 20 necesitaba" pensó, de nuevo 20 segundos "Debe ser una maldita broma" pensó aún más molesta. Mientras conversaba consigo misma se estaba terminando de cambiar y maquillar, menos mal que estaba bañada desde ayer. Cogió su cartera, las llaves, su laptop, celular y salió hecha una loca. Sacó un billete del bolsillo y subió en un taxi. Esa era una acción nueva, ya que solía usar el tren para transportarse diariamente, pero en esta oportunidad no podía volver a llegar tarde, debía hacer las cosas bien. Cuando llegó, dictó el número a la recepcionista del primer piso y la dejaron pasar sin mayor problema. Subió hasta el último nivel como le habían indicado y esperó. La señorita que la había llamado, Raquel, llegó para indicarle cuál era la oficina en donde la esperaba su nuevo jefe y nerviosa por la presión e inseguridad del momento entró al cuarto.

- ¿No conoces el dicho que dice "al que madruga, Dios lo ayuda"? – comentó molesto al verla entrar

- ¿Ah? – gritó al verlo – ¿Qué haces aquí? ¿Eres el malcriado de ayer?

La casualidad de querer quererteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora