Abrí mis ojos lentamente, me quejé al sentir un peso encima mío y cuando miré me di cuenta de que era Mateo que estaba acostado más sobre mí que sobre el colchón.
Habíamos despertado justo como nos habíamos dormido, su cabeza reposaba en mi pecho, medio cuerpo suyo estaba sobre mí y sus brazos rodeaban mi cintura.
Suspiré mirándolo mientras recordaba lo que había pasado anoche, me había encantado por supuesto, sin embargo, como predije ayer, me estaba retando por haber sido tan tonta.
Mateo había sido un idiota conmigo, no se merecía ni una palabra mía y yo me le seví en bandeja de plata.
Cerré los ojos comenzando a sentirme mal, más que por lo que había hecho me estaba deprimiendo que quería que las cosas fueran como antes.
Quizá comenzar con un matutino, desayunar juntos.. tener esas rutinas diarias que teníamos antes.
Solté una pequeña risa enternecida al ver las nalgas de Mateo al aire, un lindo.
Tomé aire profundamente tratando de no llorar, quería que las cosas fueran como antes pero no estaba segura de que eso pudiera ser posible.
Sin que pudiera evitarlo mi mano fue lentamente hasta su nuca y fue subiendo hasta acariciar sus hermosos rulitos. Él se removió un poco pero siguió durmiendo bastante tranquilo.
No creí que esto fuese a volver a pasar, y quizá eso era algo de lo que debía sentirme agradecida.
Me logré levantar con algo de dificultad a causa de lo aferrado que Mateo estaba a mí. Me bañé y vestí en silencio, Mateo siguió dormido tranquilamente y yo salí directo al restaurante.
Muchas ganas no tenía de desayunar, pero tampoco de que cuando Mateo se despertara yo estuviera ahí, así que esperaba que luego de desayunar él ya se hubiera levantado e ido a su penthouse.
Me senté y comí en bastante silencio, tenía mensajes de Clarissa preguntándome acerca de mi relación con Mateo, por supuesto no entré a su chat, no tenía ganas de hablar de eso.
Así pasé comiendo sin apetito en silencio, hasta que pasó una hora y volví a subir.
Pasé la tarjeta y abrí la puerta, entré y tras cerrar la puerta caminé hasta la habitación.
Suspiré aliviada cuando vi que Mateo no estaba ahí. Caminé hasta la sala y me sobresalté al darme cuenta que estaba en el sofá y yo no lo había visto.
Mateo, que veía la televisión, se dio vuelta mirándome y alzó una ceja.
—¿Dónde estabas? —Preguntó.
Puse la tarjeta a un lado y alcé los hombros.
—Desayunando. —Dije.
—Me hubieras levantado y comíamos juntos. —Dijo Mateo mientras se levantaba para venir hasta mí.
—Creí que te irías. —Dije.
—¿Sin hablar? Aún tenemos una charla pendiente.
Holaassss preciosas. ¿Quiénes son las lectoras más hermosas del mundo? Deaa las re consentía. Bebés mías.
¿Vuelven o no vuelven estos dos?
La clase estaba re aburrida hasta que se comenzaron a bardear todos JAJAJAJAJ
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