—¡Olivia!
Me desperté ante el grito de mi mamá, pero enseguida cerré los ojos ante la molestia que me proporcionó la luz que entraba por la ventana.
Me di la vuelta boca abajo y hundí mi rostro en la almohada agotada.
—Quita.. cierra.. ¡cierra la ventana! —Grité.
—¿Donde estabas anoche? —Preguntó.
—¿Cómo que dónde estaba? —Pregunté sin entender.
Me di la vuelta mirándola con los ojos entrecerrados, encontrándome con su expresión molesta.
—¡Levantate!
Me quejé cuando me sacó la manta y me tiró un cojín.
—¿Se te olvidó la entrevista que te consiguió tu papá?
Abrí mis ojos como platos.
—¿Las siete? —Me levanté de golpe.
Solté un bufido por el dolor de cabeza.
Miré el reloj irritada dándome cuenta que eran las siete y cuarto.
—No podemos hablar ahora, pero cuando vuelvas vamos a tener que hacerlo. —Dijo ella mientras yo sacaba la ropa del clóset.
Bueno, lo bueno era que la ropa ya la había elegido antes. Mi padrastro me había avisado que había conseguido una entrevista para mí con un amigo suyo que tenía una buena agencia, pero se me había olvidado.
—No sé de que hablas. —Agarré la toalla. —¿Tenés pastillas?
—Tu papá..
—No es mi papá. —La interrumpí.
—Como sea, ayer entró a tu habitación y no estabas. —Dijo ella.
Me giré molesta.
—¿Y por qué entró a mi habitación? —Pregunté.
—Porque dijo que oyó ruidos y se puso alerta. ¡No es la cuestión!
Ahora solo podía recordar que había salido con Mateo, pero no recordaba mucho de la noche. Mi cabeza apenas guardaba imágenes borrosas.
—Está enojado con vos. —Dijo ella y yo caminé al baño.
—¿Tendría que importarme? —Pregunté. —¡Mamá, se me hace tarde! ¿podés dejarme en paz?
—Lo único que voy a decir, es lo que Adrián me dijo que te dijera. —Dijo y yo la miré alzando las cejas. —Mas te vale que te ganes ese puesto, porque si no, olvídate de ese sueño.
Fruncí el ceño. —¡Pero..
—¡Pero nada! Si no ganas esta vez es por tu irresponsabilidad. ¡Escapándose de casa a la media noche, por Dios!
Me tragué las ganas de llorar antes de entrar al baño y cerrar la puerta de un portazo.
Me metí a la ducha de afán, sabiendo que no tenía más tiempo. Froté bien mi cuerpo con mi jabón de frutos rojos y no lavé mi cabello. Agradecí internamente que lo había hecho ayer.
Salí del baño y vi que eran las siete y veinte. Iba a tener que maquillarme en el Uber.
Me puse la ropa rápidamente y me miré en el espejo viendo que todo estuviera bien. Me coloqué unos tacones plateados que quedaban bien con mi vestido negro y blanco.
Tomé la plancha y me alicé el cabello, dejándolo completamente lacio. Maldije por no haber preparado nada.
Tomé la cartera de maquillaje y todo lo que necesitaba y salí de mi habitación.
Bajé las escaleras corriendo y me subí al Uber que ya había llegado.
La amenaza de mi padrastro me tenía bastante nerviosa, no lo podía negar. Pero estaba tratando de no pensar en eso.
Soy un desastre.
Saqué mi maquillaje y el espejo tratando de hacerlo bien. Por suerte, había hecho esto tantas veces que no le costaba mucho.
Pasé el labial por mis labios y mi corazón se detuvo al recordar como llegué a mi casa, y lo que había hecho en la puerta de mi casa.
¿Oli pasa o no pasa?
Gracias x todo el apoyo a la fic, me parece increíble. Cuando la subí no pensé que fuera a tener más de 50 votos.
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